“MATERIA MEMORABLE” DE SALVADOR MARRERO: NIÑOS, DESNUDOS Y EDIFICIOS
HISTÓRICOS DE CHIHUAHUA
ÓSCAR ROBLES
Salvador
Marrero es un artista plástico experto en los cuadros al óleo. Bajo esta
técnica pictórica, luce maestría en la construcción de personas y edificios y
explora en treinta pinturas los siguientes tres grandes temas centrales: 1) Niños
pobres y solitarios que despiertan emociones tiernas y tristes; 2) hombres y
mujeres desnudos trazados con gran belleza, dinamismo y erotismo; 3) importantes
edificios públicos y religiosos de la ciudad de Chihuahua plasmados con armonía
geométrica, luz y gran realismo. Los tres temas son tres ámbitos de trabajo del
pintor duranguense, bajo una estética academicista y clásica: Tres
cristalizaciones de la vida humana y de la arquitectura: Tres visiones
estéticas en que van de la ternura por los niños a la fantasía erótica y
dancística y a la concreción de la superficie urbana y la arquitectura
chihuahuense de gran trascendencia artística e histórica.
En 2016, se exhibió un video en el Museo Casa Chihuahua a propósito de la
presentación de las treinta pinturas al óleo mencionadas arriba, bajo el
sugestivo título de “MATERIA MEMORABLE”.
En este video, el propio Marrero dice que admira más a los artistas españoles Francisco
de Goya y Velázquez; sostiene que ha
sido pintor por más de veintitrés años [en 2018, acumula ya un cuarto de siglo];
y confiesa que pinta de manera compulsiva. Este pintor estudió medicina
originalmente y ha elegido la pintura como su auténtica profesion. Busca
cuadros donde haya vida, apuntó finalmente en la entrevista de dicho video.
Su estilo artístico puede encuadrarse dentro de una línea
“academicista” por su general pulimento de formas artísticas, por la
idealización de sus modelos humanos y por la perfección de volúmenes, líneas y
colores. El “academicismo” es un concepto usado en el arte y se aplica a la
estricta “sujeción a las reglas y la técnica de la academia”, bajo un sentido
positivo y, en un sentido negativo, se refiere a “la imitación servil de los
modelos antiguos o clásicos” (“Academicismo”). Fundamentalmente, esta muestra
de Marrero responde más a la primera acepción. Además, exhibe una marcada
tendencia a recrear cuerpos jóvenes, muy hermosos y atléticos en diecisiete de
las obras mostradas en “MATERIA MEMORABLE”.
Por ello, se acerca a los modelos antiguos o clásicos. Sin embargo, este pintor
aporta una verdadera visión personal y dota de erotismo y movimiento a los cuerpos
masculinos y femeninos, los cuales se convierten en auténtica “materia
memorable” por su fino trazo. En particular, numerosos espectadores acudieron a
contemplar y admirar esta muestra de arte local de la ciudad de Chihuahua.
CARTEL EXTERNO DE LA MUESTRA "MATERIA MEMORABLE" DE SALVADOR MARRERO |
Esencialmente,
las figuras de niños solitarios aparecen en solamente tres cuadros. Son
idealizaciones y exaltaciones de la tristeza y belleza de los niños mexicanos,
mediante la proyección de una ternura en sus rostros y cuerpos, la construcción
de espacios caseros externos de intimidad, la plasmación de colores suaves y
serenos y la proyección de un dibujo tenue y pulido que redondea los volúmenes
con perfección academicista. En tanto, sus ambientes neutrales y coloridos como
de estampa o almanaque no muestran un realismo expresionista o nacionalista,
típico de la Escuela Mexicana de Pintura o del Muralismo contemporáneo. De este
modo, la belleza infantil emerge con imágenes perdurables y finas, forjando una
cierta universalidad de sus soledades y melancolías.
Por otro
lado, la belleza clásica del desnudo humano se vuelve muy atractiva por los
colores suaves y los ambientes idealizados de espacios vacíos puros, ya sean
idealizados o casi inexistentes. De esta manera, el dinamismo, el vigor
muscular y el erotismo de la piel emanan una armonía y un equilibrio clásico. En
estos óleos, Marrero admira y exalta el cuerpo humano con su fantasía de
artista, su visión estetizante, su dibujo tenue y sus pinceladas un tanto
impresionistas y vaporosas. En general, los hombres y mujeres desnudos relucen
como modelos universales, imágenes europeizantes, sin proyecciones
nacionalistas. Por este motivo, parecen modelos cercanos al antiguo modelo
clásico. En suma, estas danzas de suprema delicadeza y sensualidad consolidan
la belleza del cuerpo y el arte de la danza, dentro de espacios neutrales y
vacíos de realidad concreta.
CARTEL DE "MATERIA MEMORABLE" DE SALVADOR MARRERO EXHIBIDO AFUERA DEL MUSEO CASA CHIHUAHUA |
A
continuación, se ofrece una breve descripción de estas treinta obras
presentadas en el Museo Casa Chihuahua
en la primavera de 2016:
1. “LLENO DE FRÍO”
[100 X 130 cm., sin fecha]. En el cuadro, un hombre desnudo, bello y atlético
es acariciado por ocho manos, en un primerísimo plano. Su piel rosada es un
tanto azulina y el fondo proyecto colores naranja, azul y blanco. Sus ojos
cerrados y el rostro sufriente enfatizan el frío. Muestra el torso completo y
se mira un poco de perfil.
Es una
escena absurda, una fantasía erótica, un sueño, una ironía. El frío a que hace
referencia el título es más emocional o simbólico que real, pues el hombre está
desnudo y es un cuerpo muy atlético. No hay contexto espacial que subraye la
intemperie que padece el personaje central y las manos enfatizan el deseo por
ese cuerpo bello. Finalmente, el trazo del cuerpo es académico y clásico, el cual
es el estilo dominante de dicha muestra pictórica.
2. “ESTRELLAS EN
LAS CENIZAS” [100 X 80 cm., sin fecha]. Un niñito moreno mira con tristeza
hacia un punto indeterminado, sentado en una escalera de una casa. Tiene los
cabellos un tanto despeinados. Está recargado en un muro color marrón claro. Al
fondo, se ven un muro y escalones color café y una bandeja está junto a los
escalones. Viste bata o camiseta blanca y se acaricia un pie con sus manos.
La escena
es un tanto melancólica y tierna, pero el estilo artístico subraya una belleza
armónica con figuras pulidas y clásicas, sin trazos expresionistas. La cara triste
del infante y la escasa ropa revelan pobreza, pero la pincelada fina se
disemina en todos los volúmenes humanos y objetuales y emana una belleza
sencilla y dulce, lejos de una denuncia social. Bajo una visión emocional del
mundo, el artista exalta a la niñez solitaria. En tanto, los muros color café
envuelven la figura en armonía por la suavización del dibujo. En general, el
pulimento de las imágenes y el suave colorido expulsan la degradación física
del ambiente y el niño permanece solo, con su candidez y su dulzura
melancólica. Entonces, el pintor exalta al pequeño y se aparta de la verdadera
sordidez de la pobreza, más allá del expresionismo tradicional de otros
pintores mexicanos. Por ello, la metáfora del título del cuadro lo subraya
todo: El niño es “estrella” y la pobreza y la soledad son “cenizas”. El solo
rostro y el gesto del niño son bellos y dignos, como una estampa sublime de la
infancia solitaria.
3. “HUNDIDO EN LA
QUIETUD” [100 X 80 cm., sin fecha]. Un niño mira hacia el espectador, sentado
en una escalera en posición de perfil. Viste en ropa blanca con vivos morados
en pecho y cuello; está descalzo. Su rostro es silencioso, triste, reflexivo.
En tanto, la pared luce pintura blanca, tonos verde claro y amarillo, al igual
que los escalones. La figura humana es un tanto borrosa y está vista desde una
perspectiva más lejana que el cuadro “ESTRELLAS
EN LAS CENIZAS”. De igual forma, las paredes y escalones tienden a
borronearse para dar un efecto estético ruinoso a las imágenes, para apartarse del
preciso realismo fotográfico o del realismo expresionista.
En
general, esta pintura es otra mirada amable del artista sobre el desamparo y la
soledad de los niños. Es una mirada universal, sin ubicación geográfica
concreta. En este sentido, es un paradigma. Algunas pinceladas gruesas en el
muro muestran cierto expresionismo. Sin embargo, las imágenes son tiernas y
dulces en torno a eventos tristes. En especial, el título de la obra combina un
aspecto negativo [estar hundido] y un aspecto positivo [la paz]. Finalmente, los
dominantes colores claros y el pulimento clásico de las figuras suavizan la
escena de soledad.
4. “OJOS INTERIORES”
[100 X 80 cm., sin fecha]. Es una escena similar a los dos cuadros inmediatos
anteriores, con los cuales integra una serie sobre la infancia solitaria con
similar perspectiva artística. En la pintura, una niña morena mira hacia un
punto indeterminado, recargada sobre un muro color crema. Muestra tristeza en
su cara y apoya una mano en la pared. Tres frágiles avecillas color azul claro
y una de color violeta vuelan a la
derecha del cuadro, como fantasmas o símbolos de inocencia y belleza que
acompañan a la pequeña infante. Tiene la nariz pequeña, labios cerrados,
cabello largo café claro y los grandes ojos verdes muestran un gesto de
tristeza. En especial, ella eleva su cuello largo y blanco y mira hacia la
derecha del cuadro, hacia el vuelo de las avecillas.
Las
pinceladas son gruesas y tienden a disolverse un poco en ciertas áreas, para
marcar luces y sombras en el rostro de la pequeña infante. Similar al cuadro “ESTRELLAS EN LAS CENIZAS”, el pintor
duranguense exalta la belleza melancólica del rostro infantil y los ojos
inocentes, con mirada amable y dulzura en el trazo del dibujo y el uso de
colores suaves. En especial, las frágiles avecillas representan una exaltación
de la niña, como si fuera una especie de santa o virgen, pues la presencia de
la naturaleza la rodea mágicamente y aparece afuera de su casa. En especial, el
título hace referencia a la profundidad del alma de ella, la cual parece asomar
tímidamente en sus perfectos ojos hasta cristalizar el instante puro de las
emociones internas. Muro claro, aves como de frágil cristal y plumas, aves
angelillos, todo ello refuerza esta imagen de la niñez dulce, bajo la paternal
y tierna visión del artista.
5. “QUE NO APAREZCA
LA LUNA” [120 X 80 cm., sin fecha]. En el cuadro, una mujer desnuda, bella
y de ojos semicerrados muestra su torso rosado envuelto parcialmente en manto
blanco. Sus brazos están levantados y toda su fina figura emerge de un fondo
color azul rey y un tanto verdoso.
En
general, la factura estética es un tanto vaporosa e idealizada por la
proyección de belleza femenina. Se miran retazos de vapores azules y la tez es
sensual; tiene los labios carnosos y los ojos embriagantes. El título marca una
descripción muy sugestiva: Una mujer sensual y solitaria goza en la oscuridad,
justo cuando la luna puede interrumpir ese instante de belleza pura y erotismo.
Su estilo artístico se acerca formalmente al “New Age” por su pulimento clásico y académico y su ambiente poético.
6. “AYOTZINAPA.
VOCES EN EL SILENCIO” [100 X 120 cm., sin fecha]. Es una pintura de tema
muy diferente al resto de los cuadros de “MATERIA
MEMORABLE”. Constituye una orientación única hacia un tema histórico y
social mexicano. En la pintura, un hombre levanta un cartel con el mensaje
“VIVO SE LO LLEVARON” escrito en letras amarillas, justo en el primerísimo
plano. El hombre lleva una chaqueta marrón oscuro y una camisa azul claro. Al
fondo, se ven las siguientes dos figuras: 1) Una iglesia de dos torres
[izquierda del cuadro], tejida con trazos blancos un tanto borrosos; 2) tres
soldados grises portando fusiles [derecha del cuadro]. Templo y figuras humanas
relucen en un fondo vaporoso propio del estilo impresionista. En particular, se
contrasta estas imágenes armónicas con la expresividad, la tristeza y el
silencio de cara y con la belleza de ojos cafés del hombre bello y atlético, un
tanto acriollado en sus rasgos faciales.
Es una
obra de mensaje político y de inclinación social hacia el pueblo mexicano
porque resalta la belleza del hombre que protesta como centro del cuadro y la
legitimidad de su postura de reclamo a su gobierno. En tanto, la religión
católica es un mero trasfondo espacial y social del pueblo. Por su parte, los
agentes policiacos funcionan como represores del pueblo. El conjunto de figuras
humanas y objetuales es original y aborda la cruda realidad social de México
del siglo XXI. En especial, hace referencia directa al dramático evento social
ocurrido en el pueblo de Ayotzinapa, Guerrero, entre el 26 y el 27 de
septiembre de 2014, bajo el gobierno federal de Enrique Pena (2012-2018). En
este conflicto social, se enfrentaron miembros de la sociedad de Ayotzinapa
contra agentes de la policía municipal y estatal de Iguala [Guerrero], con un
saldo trágico de nueve muertos, veintisiete heridos y cuarenta y tres
estudiantes normalistas desaparecidos (“Desaparición”). Entonces, el pintor
Marrero fusiona idealismo, política y estética. No retrata al México indígena o
mestizo propio de la región del sur, con trazos más realistas, expresionistas o
ásperos, sino con una visión paradigmática y sintética, forjada con diversos
colores suaves.
7. “ÓPERA SALVAJE”
[150 X 120 cm., óleo sobre madera, sin fecha]. Un hombre baila desnudo cargando
el cuerpo también desnudo de su amada en primer plano. La cabeza pelirroja de
la mujer pende y ella alza sus piernas. Ambos cuerpos son rosados y destaca su belleza dinámica sobre un
fondo de colores blanco, amarillo y verde diseminados en cuadros medianos un
tanto difusos. En particular, el hombre pisa el suelo con un solo pie y mantiene
un dinamismo hermoso, dentro de una personal y privada danza, cristalizando el
instante idealizado de suprema sensualidad. Los cuerpos reflejan fuerza
atlética como personajes de la antigua Grecia clásica y su piel emana sensual
belleza humana.
Las dos
figuras humanas son cuerpos idealizados y perfectos, con músculos fornidos,
trazados con tonos rosados y naranjas. Son cuerpos de estilo académico y
clásico, danzando dentro de un vaporoso ambiente físico, como espacio puro del
arte y la belleza. El fondo amarillesco,
los cabellos de ambos en movimiento y la perfecta belleza de sus músculos
revelan un gran esteticismo y academicismo, trazados con una gran hechura
artística. Esencialmente, el título del cuadro une dos aspectos opuestos: la
música de “ópera”, clásica música que se vuelve “salvaje” con la erótica danza
de cuerpos jóvenes sin ropa.
8. “ESPACIO Y
TIEMPO” [150 x 120 cm., sin fecha]. Un hombre desnudo posa de frente sobre
fondos de color blanco y de diferentes tonos azules. Su rostro se inclina hacia
atrás. Audaz y osado, el artista Marrero plasmó los órganos viriles.
En especial, el “baño” de tonos azul claro y azul oscuro
sobre la piel denota una idealización extrema y una belleza de cuerpo, dentro
de una escena más estática en comparación con las escenas del resto de las
pinturas expuestas en el Museo Casa
Chihuahua.
9. “NO ES EL
VIENTO, ES EL TIEMPO” [150 X 120 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. En el
cuadro, un hombre y una mujer se contorsionan espalda con espalda,
completamente desnudos sobre un fondo amarillo claro y naranja. Ambos ejecutan
una danza erótica, privada, contemplada por el artista o tal vez una fantasía pura
creada tal vez por el propio pintor. En especial, la mujer exhibe sus glúteos
sensuales y un pecho con pezón; el hombre está materialmente brincando en el
espacio, posando solamente un pie en el suelo. Las cabezas de ambos danzantes
se ocultan en una nube naranja, teñida con un suave borroneo muy estilizado.
Cuerpos de belleza suprema y clásica, sensuales luces
untadas en la piel emanan un academicismo. La mujer es un salto de belleza que
se cuaja en el espacio, investida de un aura amarilla que la exalta. En tanto,
el hombre es su fiel comparsa en este ritual íntimo y privado. Suprema
idealización del ser humano, los danzantes son arte y erotismo puros, forjados
con los cuidadosos trazos académicos y perfectos y constituyen una fantasía
deliciosa para los espectadores, una belleza pura. Especialmente, el título del
cuadro subraya el papel clave del tiempo, uno de los motivos que se repiten en
los títulos de varios cuadros de “MATERIA
MEMORABLE”. Belleza corporal que se cristaliza en el instante o belleza
plena de la juventud, el hombre y la mujer son “tiempo”. El “viento” está
ausente por supuesto, pero esta palabra conlleva una rima asonante que denota
poeticismo verbal para complementar la belleza de la sensualidad dancística o
de la danza sensual.
10. “DESHOJANDO EL
TIEMPO [150 X 120 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. En primer plano, una
mujer desnuda reposa sobre un manto blanco. Sus cabellos rojizos penden en el
espacio y se ve un manto rojo a un lado de ella. Mientras tanto, otra mujer
pelirroja mueve su cabeza, de pie, justo al lado izquierdo del cuadro. También,
esta fémina se halla desnuda, sobre un fondo blanco. Ambas exhiben sus cuerpos
desnudos, sus sensuales ombligos y sus deliciosos pechos, piel femenina que
ilumina toda esta obra pictórica. En tanto, las contorsiones dancísticas
resaltan el dinamismo de la escena. Entonces, los cuerpos emergen del vaporoso
y nuboso fondo y sus acciones son delicia y juego y pose para estudio de una
danza moderna o tal vez una fantasía pura de arte.
El tiempo
otra vez aparece justo en el título de esta obra delicada sobre las mujeres
danzantes. La metáfora vegetal “deshojando el tiempo” implica el reposo y el
ocio, el tiempo justo de la belleza femenina y la intimidad entre mujeres
artistas. Entonces, los minutos se “deshojan” en el goce pleno de la danza
desnuda, uno de los temas centrales de toda la muestra del Museo Casa Chihuahua. Ambas mujeres representan la fantasía privada
del propio artista, quien capta con su pincel el delirio sensual, vaporoso pincel
que lustra la piel femenina con pigmentos suaves como el beso y la dota de luz
y de frivolidad. Los cabellos rojizos reflejan la pasión y los rostros
femeninos son ensoñadores y sus músculos se despliegan entre mantos encarnados
y blancos. Flores de pétalos puros sus pieles, las mujeres eternizan su “instante”
o “tiempo” de personajes ideales dentro del
lienzo y permanecen en el tiempo inmarcesible del arte pictórico, como salidas del
“jardín del amor del pintor”, jardín del cuarto privado o estudio de danza,
jardín de la imaginación artística.
11. “RUMOR DE
ETERNIDAD” [150 X 120 cm., óleo sobre madera, sin fecha]. En el cuadro, un
hombre desnudo estira su mano izquierda como buscando algo en el espacio y
mueve su brazo derecho, como danzando. Piel rosada con ligeros tintes blancos y
azules, mira de frente mostrando su miembro viril. Tiene el rostro ensoñador,
cabellos agitados, fondo vaporoso de blanco y azul.
Es otra
fantasía de exaltación del cuerpo masculino inspirada en el modelo clásico
antiguo, pero en franca proyección dinámica. El contraste de luces y sombras de
la escena subraya el sugestivo estado emocional que vive el hombre, en torno a
su profesión artística de danzante moderno o amante que recuerda a su amada. La
belleza del cuerpo aparece en otra danza privada o fantástica, como si el
hombre quebrara una frágil pared de hielo o de luz en el espacio con sus manos.
El danzante luce como un hombre altamente idealizado, con músculos atléticos.
En tanto, el título de la obra subraya la belleza, la sensualidad y el arte
como rasgos y eventos que sugieren la “eternidad” del tiempo. En especial, las
pinceladas densas y suaves, los colores básicos (rosa, blanco y azul) y los
contrastes de luz y sombra, dotan de refinamiento e idealización. Es de los
mejores por la impecable belleza, por la construcción del arquetipo de belleza
viril, por el dinamismo del cuerpo, por la impersonalidad del hombre para
convertirlo en símbolo de belleza idealizada y pura. En tanto, los tonos oscuros
son elementos pictóricos novedosos que resaltan la piel y los músculos. Los
escasos colores producen densidad y misterio y exaltan la central figura del
hombre, trazado con una factura artística pulida, clásica y academicista.
12. “RUMOR DE
ETERNIDAD II” [150 X 100 cm., óleo sobre madera, sin fecha]. En la pintura,
un hombre desnudo danza y su brazo izquierdo le cubre parcialmente el rostro y
su brazo derecho se mueve. Está de frente. El fondo es azul y verde, un tanto
vaporoso. Como el cuadro anterior, es una obra muy atrevida sexualmente, puesto
que muestra el miembro viril otra vez. En general, el trazo de su piel es de
color amarillento con algunas sombras y el cabello es negro. La obra muestra
pinceladas densas que remarcan músculos en vientre y muslos.
La pintura
representa otra vez un ritual privado de una danza íntima o fantástica,
imaginería pura del artista, o tal vez sea un simple estado reflexivo del
hombre que recuerda a su amada. La obra fue construida con colores más planos
que la obra inmediata anterior. Esencialmente, los tonos amarillos dan más luz
al cuadro y presenta una imagen más clara y uniforme que contrasta con la
pintura anterior. Dentro de la línea de desnudos cuerpos que danzan en privado
y en la fantasía personal del pintor, la figura de este personaje significa la
idealización de la belleza viril, con un cuerpo atlético pleno de volumen y
belleza clásica, sin un espacio concreto y realista. Otra vez, el artista
implica el tiempo en el título y lo convierte en una serie de dos estudios del
desnudo masculino en movimiento, con la idea de la presencia de la “eternidad”
como paradigmas universales del ser humano. Como el primero de la serie, este
cuadro enfatiza la permanencia de la belleza humana a través del arte mismo,
que es la danza. Su dibujo, volumen y color son más convencionales que su
“hermano” pictórico que tiene el mismo título. Es decir, la pintura inmediata
anterior denota más destreza artística y exhibe más “oleajes” y más sombras que
realzan y adensan el mensaje y el carácter paradigmático.
13. “FUEGO, AGUA Y
VIENTO” [150 X 120 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. Una mujer rubia y
blanca hace un gesto de placer sobre un fondo vaporoso amarillo, blanco y azul.
Muestra una boca abierta rosada y sensual, ojos cerrados y cabello desordenado
como denso trigal de sol. Con audacia de artista, los pechos lucen descubiertos
con pezones delicados como colibríes.
La figura de la mujer aparece en el primer plano del
cuadro y luce solitaria y meditativa. Por el sugestivo título, ella parece
trazada en el momento del placer erótico, en el coito que no aparece en el
cuadro. Sólo se ven el pecho, los hombros y el rostro precioso. Mujer de sol,
mujer imaginaria e idealizada, este personaje tal vez recuerda ese placer sexual
del pasado, desde otro punto de vista. En cualquiera de los dos casos, el
placer femenino parece perpetuado, cristalizado, instante puro del sexo, bajo
el impulso de las tres fuerzas de la naturaleza que simbolizan ese instante de
arrebato sexual, según apunta el título del cuadro. Por la pureza del erotismo
y de la belleza femenina, por su acercamiento al cuerpo, por la luz del
erotismo que brilla, por la imaginación que despierta en el espectador, “FUEGO, AGUA Y VIENTO” es una de las
pinturas con mejor hechura artística de la muestra “MATERIA MEMORABLE”. EL
cuadro emana pura belleza, belleza ideal que se cuaja con la luz de la
imaginación de Marrero bajo el impulso esteticista del artista, como si fuera
una “cámara de cine”, maestro, ¡bravo!
14. “LA GRACIA QUE
TRANSITA O SE PIERDE” [150 X 120 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. En el
cuadro, un fuego rojo y sangrante envuelve a un hombre y a una mujer desnudos,
quienes aparecen de frente. Ella tiene cabellos rojizos y salvajes y una
manzana roja en la mano izquierda. Resaltan sus labios encarnados y sensuales; el
brazo derecho se encuentra arriba de su cabeza. Él está situado justo a la
izquierda de ella, con su rostro semioculto y su cuerpo en movimiento. Ambos
danzan y posan, mostrando la belleza de su piel rosada. En especial, ojos de
fuego grande toda ella. La gran audacia del artista lo conduce a exhibir el
pubis sin vellos de ella y el miembro viril de él. Los dos se encuentran solos
en ese breve espacio, quemados por ese fuego rojo, roja pasión, incendio que
quema el cuadro mientras ella se contorsiona suavemente, caderas y piernas en
movimiento en danza erótica.
La mujer
se eterniza con la imagen de la manzana de una Eva, recreada en la modernidad,
en un nuevo paraíso terrenal. Cabellos de serpiente roja, con el fuego café
claro que expulsan sus ojos, con sus labios de roja manzana, ella representa el
deseo femenino, la seducción. El hombre le hace el cortejo sensual, la danza de
un Adán moderno, con rostro oscurecido. Ella, la pura “gracia’ dinámica o temporal
que está a punto de irse; ella la “gracia” que el artista cristaliza con
imaginación pura. En tanto, el personaje del hombre y el fondo rojo de fuego la
asedian a toda ella simbólicamente. Entonces, ella es toda “gracia” suave y
dulce y seduce a su Adán fornido porque él ya percibió el secreto fuego de los
ojos de ella, ojos deseantes, deseo que se anuncia en la atmósfera ígnea que
los rodea a ambos. Sin embargo, esa “gracia” femenina puede “transitar” o
“perderse”.
15. “SILENCIO EN
PLENA NOCHE” [150 X 120 cm., óleo sobre madera, sin fecha]. Una sirena
blanca de cabellos rojizos y un manto violeta, una sirena de pezones de
rosicler y nalgas de nácar y ojos de sueño, una sirena o ángel marino irrumpe
en el mar verde oscuro o en la noche, flotando con los brazos abiertos y la
gracia de sus piernas danzarinas, una sirena que aparece en un sueño verde y
vocea delgadamente su nombre al poema, una sirena con ruidillos de ave canora
que no se escucha, una sirena con glóbulos de pez más delgados que el mismo sueño
o el agua en que ella flota, una sirena con brotecillos de algas que no se ven,
pero se intuyen por allí, una sirena de cuerpo de seda amarilla con cara de
cervatilla grácil, una sirena que vuela en un cielo verde y negro de agua, con
su manto fino que son alas despojadas, jirones apenas desprendidos de sus omóplatos
hechos de pigmento de azúcar o algodón, una sirena serena que nada en la
fantasía del pintor como pececillo y lo mira directo al corazón un día o una
noche, una sirena o ninfa o “náyade artera” que flota entre versos de agua sin
hacer ruido, con un silencio de espacio celeste, delgadísimo y fino que se
afina con un silencio perfecto que es su piel de pétalos o de pura luz cuajada,
una sirena de película, una sirena que es ninfa en este bosque verde que ahora
soy yo y la arropa con sus hojas llenas de savia, en esta agua de mar en que
soy Neptuno y la persigo con mis ojos y mi fantasía, con esta voz que la busca
en su callado flotar de mujer en el mar del lienzo, una sirena que nada en el
agua de mi magín solo, ahora mismo, una sirena que mira en plena noche de agua
mientras sueño frente al cuadro de Marrero, una sirena que dé nombre a un
poema: “Sirena Silencio”.
16. “DESDE LA
OSCURIDAD” [150 X 120 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. En primer plano, dos
hombres desnudos bailan intensamente sobre un fondo naranja y negro, uno arriba
y otro abajo. Se ven como habitantes de dos dimensiones fantásticas, estirando
sus brazos en gracia de danza moderna, sin espacio; sólo trazan su viril
ingeniería de músculos en el espacio vacío, sin cruzarse, practicantes de una
danza ritual privada, danza moderna quizás.
Ambos personajes masculinos relucen en este cuadro como
paradigmas clásicos de la belleza del hombre. Sus figuras denotan trabajo
académico sopesado con lentitud. Muestran sus torsos y rostros; son dos hombres
que parecen arrojar discos olímpicos que no se ven o tal vez lancen abstractas
semillas o sueños o quizá lancen su
corazón que desaparece lento en las sombras. Los dos hombres tejen la danza
desde la oscuridad, con la belleza de sus cuerpos atléticos y académicos y
clásicos músculos. Y el artista Marrero los capta desde la oscuridad de su
imaginación y los ha pintado con pinceles y pigmentos y los ha dotado de luz:
La luz de la belleza perfecta, arte que se mueve en el espacio con antiguo
griego estilo.
18. “EBRIOS DE
TANTO AZUL” [120 X 150 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. En primerísimo
plano, un hombre azul besa el cuello de una mujer rosada y de rostro adormecido
posado justo a la espalda de ella. En tanto, ella estira su brazo derecho y
abraza el cuello del hombre con el izquierdo, muy amorosa, como una danza de
seducción amorosa. Ambos están envueltos en densos “velos” azules, ambos de
pie. Hombre fantasmal él, como un sueño que se asoma a la perfecta belleza
rosada de ella, la bella seducida que muestra su pecho de botones rosas y sus
enormes caderas y su bello pubis de vellos azabaches. Flor de tentación, su
ombligo femenino mira al frente del lienzo como ojo de su vientre. Los dos
flotan en un mar “azul”, “ebrios’, y uno los contempla y los ojos se embriagan
de tanta belleza, con la flor abierta y femenina que ocupa el centro del
cuadro, flor de piel que se ofrece al espectador sobre el espacio azul de este
poema azul y ebrio.
18. “SILENCIO
ETERNO” [60 X 80 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. Yace acostado, cabeza
reclinada, apenas perceptible, envuelto en fondo negro y profusamente rojo,
fuego rojo, rojo sangre. El hombre muestra el miembro viril, bajo el osado y
audaz atrevimiento del artista Marrero.
Este hombre es el amante en reposo, que duerme, cuerpo
derretido tras la batalla del amor. La factura artística proyecta idealización
y belleza, con academicismo y visión clásica del ser humano. En particular, el
rojo del fondo parece anunciar la pasión reciente que flota en su mente y que
ahora lo hace descansar, disfrutando y paladeando el placer del erotismo. Es la
escena del hombre solo, en silencio, amante ígneo. Es el instante del cuerpo
atlético y bello, trazado bajo el pincel de fuego del artista audaz que lo imagina
y lo pinta y lo hace un perfecto arquetipo del amante en su lecho de amor, tras
el acto de amor, disfrutando un “silencio eterno” de amor, como señala el título
de la pintura.
19. “DEMASIADO
HUMANOS” [120 X 150 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. Un hombre y una mujer
hacen el amor en primer plano sobre un fondo rojo, negro y blanco. El primero
muestra su cabeza caída, desintegrada, como “pulverizada” por la pasión del
cuerpo blanco de ella. La embiste y toma el muslo izquierdo de ella, entonces
la pincelada distorsiona la blandura del sexo femenino. El hombre luce
pigmentos oscuros y rojos; la mujer, blancos y amarillos.
Ambos amantes lucen muy carnalizados con su pasión sexual
y el arte de Marrero los eterniza en el instante del amor pleno, dentro de un
espacio intemporal y vacío: El espacio del amor, donde los amantes gozan su
pasión y se hacen más carnales. Los trazos tienden a borronear la cara de ella
y a cristalizar un cuadrángulo amarillo y blanco justo en el ángulo superior
derecho. Trazos sencillos, los cuerpos son siluetas, paradigmas, y la belleza
se hace colores básicos: Rojo, negro, blanco y amarillo. En tanto, los cuerpos
proyectan un poco de “siluetización”, lo cual vigoriza los volúmenes corporales
y sugiere estilización, originalidad, concentración pura del sexo.
20. “PARA TU CUERPO
DE DANZA DESHOJANDO ILUSIONES” [100 X 120 cm., óleo sobre madera, sin
fecha]. Sobre fondo violeta y blanco, poético fondo, la danza del atrevido sexo
entre tres amantes es el centro del cuadro, forjados con la fantasía erótica y
la audacia del artista Marrero. Los dos hombres desnudos, cuerpos rosados y
cabellos agitados, acarician a la única mujer del acto sexual. Uno la quiere
besar en su rostro vencido por la pasión; el otro la penetra en su sexo por
atrás y el brazo derecho de ella cuelga. Bajo la estética erótica del pintor
duranguense, su delicioso cuerpo femenino ofrece manjares de suprema belleza
sensual: Sus pechos y su vientre y su pubis vegetal, su corola de flor abierta,
Rosa de los Vientos del Amor. En
especial, los colores suaves se “adulzan”, se enternecen con el suave pincel
del artista duranguense, pincel fálico que busca penetrar a la “belleza
belleza”, con suaves labios y lengua, con sus pigmentos de semen pastel y la
pintan y la hacen florecer plena de lujuria sobre el lienzo lecho de amor, derivando en la cristalización del sexo de
tres, el sexo a la francesa y el sexo se vuelve danza otra vez, movimiento
ritual, paradigma, idealización suprema, luz de colores lúbricos en la paleta
del pintor, textura de frutas suaves que se tocan y se acarician y se gozan, en
el cuerpo de la danza que es Ella, el Amor Entero que se deshoja pétalo a
pétalo. Entre la pasión carnal y la ilusión erótica, la belleza clásica de sus cuerpos
danzantes son belleza y sueño del arte.
21. “CRUZARÉ MI
SONRISA” [150 X 120 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. En nubes blancas, los
amantes o dioses griegos hacen el amor, el amor entre cuatro, cabellos
alborotados, pieles blancas que luchan en su fantasía divina. El cuadro es una exorbitante
fantasía sexual masculina. En el cuadro, un fornido hombre de cabello negro
embiste sexualmente por atrás a una pelirroja de cabello alborotado; otras dos desnudas
amantes o diosas acarician a dicho hombre, gozante
el uno. Una de estas dos amantes complementarias es una mujer pelirroja que se
enrosca al viril muslo izquierdo y muestra su pecho izquierdo sensual y lechoso;
la otra parece un vapor violeta que toma el cuello de él con su mano izquierda
y se toca el cabello, labios abiertos y deseantes, pecho de blancura potente.
Los cuatro amantes o dioses gozan y
danzan en esta fantasía lúbrica a ultranza pintada en el lienzo de Marrero,
construida con gran factura estética y una perspectiva un tanto mitológica de
antiguo griego albor y configuración. Estos personajes sensuales hace el amor
entre nubes y no hay quien los vigile en el cielo, solo los espectadores que
acuden al museo. Entonces, uno “sonríe” y se enmiela con los azúcares albos de
la piel de sus cuerpos, justo de este lado del cuadro, y uno contempla este
poema de color y pasión, danza erótica y fantástica en las nubes. Desfilan los
espectadores seducidos por tanta lujuria teñida en el cuadro y no se mira al
dios Zeus en esta escena y los personajes permanecen con su ritual del Zeuxo entre cuatro.
El título
de la obra sugiere algunos mensajes ambiguos. La frase implica una primera
persona de singular con el pronombre “yo”, pero no se clarifica a quién se
atribuye esa expresión de felicidad. Entonces, ¿el propio artista Marrero
“cruzará su sonrisa” propia haciendo alusión a un referente externo o uno de
los personajes del cuadro lo hará? Aun más: ¿Qué significa “cruzar la sonrisa”?
¿Cubrirla?
22. “LA DANZA DE
LOS SIGLOS” [150 X 120 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. En el cuadro, un
hombre moreno y desnudo danza de espaldas, agitando un manto color blanco,
dentro de un viaje simbólico por el tiempo de la danza que se eterniza en el
instante. Levanta su pierna izquierda y exhibe sus músculos fornidos sobre un
fondo gris, azul y blanco, colores que no refieren un espacio físico definido.
Tiene el cabello negro y su concentrada danza fantástica, casi celestial, entre
nubes tormentosas. Hombre mestizo, se eterniza en la belleza clásica del ojo
clásico y el pincel muy académico de Marrero. El hombre baila solo con su solo
manto blanco, su vela velero de imaginación y danza, sin su amada, solo y su
alma, conjugando el baile y el tiempo, “la danza” y “los siglos”, la metáfora y
la hipérbole que eternizan ese instante de placer solitario. Entonces, el
título encierra dos ejes semánticos sobre los que descansa esta personal visión
artística, armónica y fantástica.
Esta danza
del hombre desnudo forma parte del asunto o “materia memorable” de toda la
muestra de treinta cuadros de Salvador Marrero. Es la danza del tiempo del
cuerpo desnudo y bello, la cual es sublimada y reconcentrada en el cuadro “LA DANZA DE LOS SIGLOS”, con la fusión
de escena y título. Este cuadro cierra el segundo tema: El de los desnudos
humanos en danza erótica.
Especialmente, puede verse que las mujeres y los hombres
desnudos y muy bellos aparecen en diecisiete de las treinta obras de la
exhibición “MATERIA MEMORABLE”, como una forma de exaltar la belleza y el
erotismo humanos. En particular, se repiten en estas escenas la acción de
danzar y/o el tiempo y rebosan las imágenes humanas de la sensualidad y el
erotismo fino, delicado y clásico, propio de un estilo artístico academicista
que nos remite a la atrevida danza moderna con bailarines desnudos o a la
antigua Grecia. De este modo, la danza y el tiempo se prolongan en esta
narrativa de la “materia memorable” en que los cuerpos desnudos son deliciosos
y son el centro de esta pintura. Así pues, el arte pulido de Marrero se consuma
en esta brillante muestra. Entonces, destacan el dibujo suave y el ambiente
vaporoso, un tanto impresionista, los colores suaves y serenos. La “materia
memorable” es cuerpo, es piel en movimiento, belleza pura. Esencialmente, el
pintor duranguense muestra atrevidas pinturas porque pone cuerpos desnudos y
muy sexuales, como una manera de legitimar este aspecto de la vida humana. Por
eso, el artista se propone dejar sus dinámicas figuras humanas en la memoria
que es tiempo, manejando con destreza su pincel de pulso clásico y su sensual
imaginación y mirada pulida hasta cristalizar y eternizar el erotismo humano,
ya sea femenino o masculino. ¡Salud, maestro, por estos cuerpos puros, hechos
de materia, memoria e imaginación pura!
23. “MIRADA ASTRAL”
[90 X 120 cm., óleo sobre madera, sin fecha]. Es un cuadro de gran factura
estética y puede encuadrarse en el tema de los cuerpos humanos desnudos y
extremadamente hermosos. Sin embargo, tiene una variante muy audaz: El
personaje es la belleza humana, sin identificación sexual plena. Proyecta
cierta ambigüedad que provoca perturbación y es un atisbo a los personajes de
la Grecia y la Roma de la Antigüedad. Así pues, este retrato representa la
belleza humana quintaesenciada con una figura de busto un tanto ambigua desde
el punto de vista del sexo-género. Los ojos azules y enormes derraman dulzura e
inocencia y miran a un punto indefinido. Tiene una nariz muy bella y pequeña,
los labios sensuales y carnales. Los hombros desnudos lucen frágiles y se
borronean entre pinceladas gruesas. En su cabeza, luce una corona de flores, como
premio a su extrema belleza o viéndose como un dios o una diosa en una fiesta
dionisiaca de primavera. Las hojas son profusamente amarillas, rojas y verdes,
corona de carnaval antiguo. Justo atrás de este personaje, se observan
siluetadas hojas, sugeridas hojas. Y ella o él es todo ternura y sensualidad.
En suma, reluce este retrato de persona real o persona imaginada una real
belleza untada al cuadro con la magia de los pigmentos y el pincel de Marrero.
Y Ella o Él, paradigma de belleza suprema, mira con sus
dos planetas o estrellas azules, entre vegetales que complementan su hermosura.
Ella o Él, belleza asexuada, tan sólo mira inocente para que lo / la admiren y
miren su mirada profunda, expresiva, seductora. En tanto, la corona de hojas relumbra
su vegetalidad colorida, adorno como
de antiguo pasado griego, una corona de fiesta de carnaval, ritual viejo que
proyecta la belleza del rostro tierno y sensual eternizado por la magia creativa
de Marrero, por sus pigmentos de jugos estéticos. ÉL o ELLA: Ninfa o dios
griego, sacerdotisa virgen, queda en el cuadro mirando para siempre con sus
“ojos estrellas” o “mirada astral’, como reza el título del cuadro. Y los
colores emanan un no sé que de sensualidad sin sexo, un frutero de perfecta
belleza, una higuera con frutal piel. Este personaje luce finalmente como Tadzio,
aquel protagonista de la película Muerte en Venecia (1971) del italiano
Luchino Visconti, basada en la novela homónima del alemán Thomas Mann publicada
en 1912. Por eso, este cuadro es el emblema de la muestra “MATERIA MEMORABLE” y apareció en los carteles del Museo Casa Chihuahua en la primavera de
2016.
"MIRADA ASTRAL" DE SALVADOR MARRERO ES UNO DE LOS MEJORES CUADROS DE LA MUESTRA "MATERIA MEMORABLE" |
24. “ESPEJO DEL
CIELO” [Templo de San Francisco, 150 X 120 cm., óleo sobre tela, sin
fecha]. La Belleza de Muros Blancos emerge con su campanario en primer plano
con nubes grises en el cielo azulino de la ciudad de Chihuahua. Es el famoso
templo situado en la calle Libertad, frente a la Plaza de Ignacio Zaragoza.
Este edificio es visto en el cuadro desde la Plaza del Ángel. Su dibujo un
tanto difuso se proyecta menos en el lienzo bajo el impacto de los colores
blanco de los muros y el color natural de la cantera y el perfecto volumen del
histórico templo.
Esta
pintura de este templo es forjada en estilo realista, pero sin llegar a la perfección
del realismo fotográfico. La mirada cálida de Marrero lo convierte en arte
perdurable y “materia memorable” propia de su fino arte pictórico con la
técnica del óleo. La metáfora del título del cuadro subraya la exaltación y el
homenaje a la arquitectura sacra del Barroco de la Colonia en Chihuahua. En el
plano real, la perfecta belleza blanca del templo es como una paloma gigante y
parece haber bajado del cielo a posarse sobre la tierra y fundirse con el color
azulino del cielo mismo y en mañanas y tardes de sol emana una belleza suprema.
En el plano virtual del cuadro, el templo se convierte en lo que anuncia el
título de la pintura: Es “espejo del cielo”. Entonces, el templo representa simbólicamente
para Marrero un espejo de belleza de la naturaleza celeste, donde reside Dios.
El templo de San Francisco fue construido entre 1721 y 1741, durante la Colonia
Española. Por ello, es uno de los más antiguos y hermosos de la capital del
Estado de Chihuahua.
25. “CÓNCLAVE DE
PLEGARIAS” [Templo del Sagrado Corazón de Jesús. 150 X 100 cm., óleo sobre
tela]. El artista Marrero pinta este templo situado al sur de la ciudad de
Chihuahua desde el lado oeste de la Avenida Veinte de Noviembre. Por ello, la mitad
de su cuadro exhibe cielo con dos tonos azules diferentes. Abajo, la cantera
luce amarilla y la linealidad dura del modelo original se hace suave bajo el
dibujo tenue del pintor. Se encumbran sus torres y cúpulas románicas y la
cantera luce como resplandor dulce de sol. En particular, el amarillo crema y el
blanco de la piedra armonizan con el azul celeste. Fundamentalmente, sobresalen
los detalles tallados de puertas, ventanas, esculturas y todos estos elementos
se “presentizan” en la obra de manera sugerente dentro de los volúmenes grandes
de dichas piezas de la imponente iglesia. En particular, los colores
espléndidos se imponen al dibujo.
El conjunto arquitectónico del Templo del Sagrado Corazón
de Jesús es majestuoso y magistral. Este templo pertenece al estilo románico y
es una iglesia fundada en el primer tercio del siglo XX. El título de la obra
enfatiza la religiosidad y resalta al templo como el recinto para el rezo de
los feligreses. Entre las pinturas sobre edificios públicos de Chihuahua, esta
obra es de los mejores cuadros por su perfecta factura estética en volumen,
dibujo y color.
26. “DESDE EL AYER”
[Quinta Gameros, 100 X 150 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. Una dulce cantera
amarilla, un verde limón del techo, un dibujo que se suaviza, un imperio de
belleza Art Noveau fue captado en
este lienzo por el artista desde el lado este del histórico Paseo Bolívar. Por
eso, la perspectiva visual es de perfil. La lujosa mansión afrancesada se
encuentra en el cuadro bajo un cielo nuboso, blanco y gris y junto a unos
árboles y arbustos y señales de tránsito y postes de luz que denotan el tiempo del siglo
XXI. La fachada muestra tallas exquisitas, trazadas con minucioso detalle. Las
ventanas, las puertas, las esculturas clásicas son de por sí “materia
memorable” en el edificio histórico que fue propiedad de la famosa familia
Gameros. Entonces, Marrero hace toda esta antigua mansión “memorable materia”
con sus mágicos pigmentos y sus precisos pinceles y su prodigiosa mirada y su
amor de pintor y ciudadano local.
La Quinta Gameros es el edificio rey de la ciudad de
Chihuahua, emperador de belleza exquisita y refinada. Es recreado por la
estética de Marrero, quien lo reproduce con realismo y perfecta simetría y le
da un toque amarillo a la cantera, como rasgo propio de su arte, un amarillo
que adquiere realce con el verde claridoso de los tejados, un amarillo que
acaso es el rostro del sol dorado que se filtra en la imaginación del pintor,
para recrear este monumento de piedra cantera. Así pues, esta obra pictórica de
Marrero, Salvador, salva otra imagen de la Quinta Gameros dentro de su lienzo,
hasta convertirlo en “materia perdurable” como memoria de la materia hecha arte
supremo con tallas y tallas prodigiosas, y lo traslada de la piedra original al
pigmento y a su fantasía. Entonces, el pintor cristaliza la arquitectura
preciosa de ese edificio público del Paseo Bolívar. Un amarillo cálido y solar
de cálido artista “resuena” en esa cantera dentro de un lienzo perdurable, en
esa casa de todos, hecha imagen virtual de perfecto dibujo, color y volumen.
27. “TESTIGO HISTÓRICO”
[Palacio de Gobierno de Chihuahua, 100 X 150 cm., óleo sobre tela]. En el
cuadro, se mira un señorial palacio bajo un breve cielo azulino, profusas nubes
albas y amarillas. La perspectiva del trazo parte desde la Plaza Grandeza de
Chihuahua, como una toma panorámica, tomada con la cámara de cine de los ojos
de Marrero. La escena central se complementa así: Unos árboles verdes
borroneados; unos edificios sugeridos apenas en la calle Libertad y Vicente
Guerrero; una máquina que limpia y repara la entrada norte al palacio, apenas
trazado, apenas entrevisto. En suma, los borrosos objetos y los vegetales son telón
de fondo de la gran obra arquitectónica, una de las mejores de toda la ciudad
de Chihuahua. Y por encima de todo, esta enorme “casa” de cantera para el poder
político aparece con tallas y detalles sugeridos y sugerentes, un volumen de
palacio retratado en el lienzo con buena simetría y perspectiva visual.
En conjunto, el artista Marrero talla con su “marro” los
pigmentos hasta erigir toda la magnificencia del edificio chihuahuense dentro
de su lienzo, bajo una perspectiva estética realista. Su visión estética es
exaltación [“Testigo histórico”, reza el título]. El artista rescata la belleza
del palacio gubernamental con un leve sesgo impresionista, con colores dulces
de cocoa y suave dibujo. El resultado es un pulido retrato de palacio,
“memorable materia” de la cantera, para hacerla material de la memoria de los
espectadores ciudadanos amantes del arte de la pintura. Y allí, al centro del
cuadro, el palacio reluce bajo el tierno sol del día, con los letreros modernos
de las calles y sus sombras imponentes reflejadas en el pavimento.
28. “CIELO NOCTURNO”
[Cúpula de la Catedral de Chihuahua, 120 X 150 cm., oleo sobre tela, sin
fecha]. Claridad de cielo profusamente azul; nubes densas; y justo abajo la
claridad blanca de la cúpula de la Catedral de la Santa Cruz, con un trazo de
cantera rosada: Materia que perdura, que se ahonda en su belleza y enraíza en
el lienzo con un estilo casi fotográfico. El edificio más preclaro de Chihuahua
capital nace en este brillante cuadro. El dibujo que se aclara y la rosada cantera
que se vuelve clara en torno a la blanca cúpula. Contrasta la belleza de su luz
de piedra con la sombra que cubre delicadamente la parte que se ve en el primerísimo
plano del lienzo.
El artista
Marrero asedia en esta obra la belleza de la Catedral barroca, la cerca con su
mirada y la reinventa con sus pinceles y pigmentos. Escoge un día antes del
anochecer en que la iglesia aclara su belleza permanente: Un detalle, un
ángulo, una perspectiva de mirada de pintor que se quiere fotógrafo un poco.
¡Cuánta belleza y simetría! ¡Cuánta piedra que es permanencia en el tiempo!
¡Cuánta “materia memorable”! Y el pincel clásico y académico de Marrero
reinventa en el lienzo el portento de la Catedral. Hacen click su memoria y su imaginación, hacen click trepado no se sabe dónde, tal vez en la calle Libertad, a la
altura de la antigua tienda La Francia
Marítima o en la calle Victoria. Click
click y Dios hizo la claridad del cielo al caer la noche para ofrecerla al
generoso pintor de Durango, hijo adoptivo de la gran ciudad de Chihuahua. Click click y el dios pintor inventó la
Catedral bajo ese cielo de Dios, el Pintor Mayor. En el cuadro, reluce
finalmente el albor de la cúpula y las carnes de cantera en ese techo tan
divino que honra a Dios mismo.
29. “TEMPLO DE
PIEDRA” [Catedral de Chihuahua, 150 X 120 cm., Óleo sobre tela, sin fecha].
Vista de frente, la Catedral de la Santa Cruz, la catedral barroca luce un
tanto impresionista mientras un fornido hombre de hierro negro con flamante
sombrero la mira y apunta con su mano derecha hacia abajo, mientras ese hombre
de hierro la mira con ojos fijos en el tiempo de la historia de Chihuahua: Es
el mismísimo Antonio Deza y Ulloa, fundador de la antigua ciudad de Chihuahua.
Entonces, la Catedral renace en este nuevo lienzo de Marrero, renace con
tinturas marrón, detalles y tallas sugeridas de la fachada principal, estatuas
y torres forjadas con dibujo suave y contornos blandos, pero con la notable
contundencia del arte barroco que domina el conjunto, toda la portentosa mole
de cantera. Ah y esa Puerta al cielo de piedra, esa fachada que acaricia el sol
cada día. Y arriba el cielo todo azulenco y las nubes viajeras y navegueras volando como palomas. Y abajo
la gente y las sombrillas verde turquesa, las amplias baldosas del atrio sin
detalles notables. Y, en el conjunto, el artista privilegia la masa, el volumen
total, donde las tallas apenas rumorean su minuciosa belleza vegetal y floral.
30. “TARDE VAGA”
[Mausoleo de Francisco Villa, 150 X 100 cm., óleo sobre tela, sin fecha]. Entre
densas frondas verdes, cuasi-puntillistas hojas, se eleva el blanco mausoleo
del revolucionario duranguense, de frente, como columnas de hueso blanco, bajo
un cielo de nubarrones amarillos y un tanto azules. La estética de Marrero es
casi la misma que expone en los otros cuadros con edificios públicos de la
ciudad de Chihuahua. Masa y volumen primero por sobre el detalle del dibujo,
sobre las tallas y columnas y estatuas, exhibiendo un estilo de colores dulces
y cálidos. El resultado de su “tarde vaga” de artista a la caza de motivos pictóricos
es el siguiente: Rinde otro homenaje artístico al monumento funerario hermoso y
solemne de canteras prominentes, con sus pigmentos y pinceles y, sobre todo, con
destreza de artista. Es un lienzo que forma parte de la temática de exaltación
de la arquitectura chihuahuense. Finalmente, este tema abarca edificios históricos
esenciales de la ciudad de Chihuahua y sus pinturas al óleo de la muestra “MATERIA
MEMORABLE” van del Románico [Templo del Sagrado Corazón de Jesús] al Neoclásico
[Palacio de Gobierno del Estado de Chihuahua] al Barroco [Catedral de
Chihuahua] al Art Noveau [Quinta
Gameros].
Con este
hermoso monumento de gran estilización y finura, Marrero culmina su ciclo
tercero con edificios como asunto memorable, trazados bajo una estética
realista. Como todos los otros edificios, el Mausoleo de Francisco Villa es
también “materia memorable”, materia de la historia de Chihuahua, materia que
por ser belleza en sí es memorable y perdurable en el paso de los siglos,
materia que se hace volumen, dibujo y color para ser en verdad “La Materia
Memorable” dentro de la carrera artística de Salvador Marrero.
3. CARTEL BIOGRÁFICO: TEMAS,
EMOCIONES, ESTILOS Y DESNUDOS
El cartel de presentación de la muestra “MATERIA
MEMORABLE” de Salvador Marrero explicaba los temas, las emociones y los
estilos de las obras expuestas en el Museo
Casa Chihuahua. En primer lugar, exponía que los temas dominantes de esta
exhibición eran “las formas del cuerpo humano contorsionado con actitudes que
sugieren siempre movimiento, los retratos de niños solitarios, la arquitectura
de templos y edificios públicos”. En segundo lugar, señalaba que las emociones
proyectadas en los cuadros se concentraban en “compañía, soledad, dolor,
placer, reclamo, belleza”. En tercer lugar, los estilos oscilaban entre “lo
clásico, lo académico, los románticos, el impresionismo”. Especialmente, el
propio Marrero apuntaba en un interesante video que el desnudo femenino se
caracterizaba básicamente por ser sensual, erótico, maternal y cálido y el
masculino resaltaba la fuerza, la vitalidad y el dinamismo.
EL DESNUDO MASCULINO ES TRAZADO POR SALVADOR MARRERO CON PERSPECTIVA CLASICA Y ACADEMICISTA |
Salvador
Marrero expuso treinta cuadros en el Museo
Casa Chihuahua, entre el 19 de febrero y el 16 de mayo de 2016. La exhibición
tenía el título muy sugestivo de “Materia
memorable” y constaba básicamente de pinturas al óleo sobre tela. La música
de fondo en el museo era clásica y una voz de tenor subrayaba el academicismo
general de esta interesante muestra pictórica. En tanto, el título de la exhibición
pictórica hace referencia a “asunto” o “tema” que es digno de recordarse. Entonces,
estas treinta obras de gran hechura estética pueden permanecer en la memoria de
los espectadores que contemplaron las figuras de sus niños desamparados, los
danzantes cuerpos desnudos y algunos edificios públicos relevantes ubicados dentro de la capital del
Estado de Chihuahua. El artista es duranguense y reside desde 1993 en la ciudad
de Chihuahua, donde ha ejercido profesionalmente la pintura y la enseñanza de
las artes plásticas.
En
conclusión, la muestra “MATERIA MEMORABLE” de Salvador
Marrero expuso retratos de niños solitarios, escenas eróticas de hombres y
mujeres desnudos y cuadros con edificios históricos de la ciudad de Chihuahua.
Con estas treinta obras, el pintor duranguense demuestra que maneja con
maestría el realismo y la fantasía, el desnudo y la arquitectura, el erotismo y
la ternura y las estéticas clásicas y románticas. En suma, es un artista muy
imaginativo y observador que posee un pulso firme en el dibujo, una perfecta simetría
en el diseño de los volúmenes y un gran sentido estético de los colores. Por ello,
los treinta cuadros representan una gran trayectoria de Marrero, forjada bajo
el impulso clásico y académico de la pintura. Con estas habilidades artísticas,
construye fantasías eróticas con hombres y mujeres danzantes, capta la ternura
de los niños pobres en soledad con mirada compasiva y amable y reproduce con
gran fidelidad algunos edificios históricos claves de la capital del Estado de
Chihuahua.
Los
gentiles lectores pueden admirar algunas obras de la muestra “MATERIA MEMORABLE” de Salvador Marrero
en el siguiente sitio del Museo Casa
Chihuahua: http://www.casachihuahua.org.mx/Expos/160218_MM/160218_expo_MM.php.
Obras citadas
“Academicismo.” Pequeño Larousse ilustrado. 15ª ed. 1991.
“Desaparición forzada de Iguala de 2014.” Wikipedia. La enciclopedia
libre. 4
mayo 2018. Fundación Wikimedia, Inc. 28 abril 2018. <https://es.wikipedia.org/wiki/Desaparición_forzada_de_Iguala_de_2014>.
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