MURAL DE SÍMBOLOS GLOBALES Y REGIONALES EN LA COLONIA ZARCO
La
técnica pictórica es novedosa y llamativa para los viandantes que transitan por
la esquina de las calles Lilas y 5 de mayo, en los linderos de las colonias
Zarco y Campesina. Se observa un fondo profusamente negro y colores claros
(aguamar, blanco y amarillo) como matices de los contornos y volúmenes. A nivel
de contenido, se aglutinan figuras múltiples, tradicionales y modernas,
regionales, nacionales y globales, todas los cuales constituyen arquetipos y
paradigmas a base de gigantescos y estilizados cuerpos humanos, animales y
objetuales.
En conjunto, todas las imágenes emanan un carácter
simbólico sobre nuestro tiempo actual. En este sentido, las imágenes se fijaron
en el amplio muro de una bodega y funcionan como un remanente o sedimento del
imaginario urbano de la ciudad de Chihuahua. En especial, los artistas anónimos
se apartaron del clásico y fastuoso cromatismo del histórico muralismo mexicano
del siglo veinte y aun del siglo veintiuno, para sugerir una especie de filme
estático en blanco y negro.
De esta forma, esos pintores que sugirieron sus
nombres en un rinconcito del mural representaron así su rica visión del espacio
citadino chihuahuense actual, mediante el trazo sólido de las siguientes
figuras realistas y simbólicas a un tiempo:
1.LA MUJER RUBIA Y SENSUAL. Su apariencia física de
raza blanca denota ser más bien un personaje norteamericano o europeo, una
fantasía sexual de los hombres mexicanos, pero muy bien construida desde el
punto de vista artístico. Trae un enorme sombrero charro, un vestido estrecho y
arracadas grandes de argolla; exhibe impúdicamente un escote sensual que deja
lucir dos apetitosos y bien redondeados senos; destacan sus labios carnosos,
sus ojos y su faz extremadamente hermosos. Es una figura de busto, que no
muestra una parte del torso y las piernas y una posición de semiperfil. Ocupa
la parte izquierda del muro.
Se trata de una idealización masculina de una supuesta mujer mexicana, cuyos rasgos acriollados y americanizados son poco frecuentes en el contexto social actual de la capital del Estado Grande, donde dominan las mestizas obesas. Su imagen es mixta en su factura estética: proviene de las fantasías creadas por la cultura del espectáculo bajo la economía global y a la vez de la cultura popular mexicana (historietas, fotonovelas) del subdesarrollo económico de las décadas de los setenta y los ochenta.
2. DOS CARETAS DE CARNAVAL. Aparecen sobre un fondo
blanco y rasgos negros en los cordones que sirven para atarlas. La hechura
artística es perfecta, contornos bien definidos y volumen equilibrado. Aunque
sus orígenes son más bien europeos (francés o italiano), representan la fiesta
o el teatro, pero no las costumbres sociales mexicanas, puesto que las máscaras
prehispánicas y de luchadores mexicanos son más representativas de la cultura
nacional hasta nuestros días y esas prendas de los gladiadores modernos se
observan en los estadios de futbol soccer. Una careta es llorosa en referencia
a la tragedia; otra, risueña, encarna la comedia. Por este motivo, los
muralistas rinden homenaje al teatro como ejercicio cultural, a la vez
que engloban la vida mexicana, dividida entre el sufrimiento y la diversión. Su
ubican enseguida de la mujer rubia.
3. EL GRAFITI DEL NÚMERO TRECE. Es enorme e
indescifrable por sus limitados significados. Funciona como la mayoría de los
grafitis públicos de los barrios abiertos de la ciudad de Chihuahua: quiere ser
pura representación formal y estética, sin mensajes verbales o figurativos
superficiales o profundos. Acaso todos los grafitis anónimos de dicha urbe aspiren a expresar su sentido estético del mundo a través de letras o números
muy bien estilizados y con una armonía cromática impresionante. Los grafitis de
Chihuahua son maravillosos por su pura forma estética.
La figura del número trece se encuentra justo en la parte
inferior. Se trata de un homenaje a los grafiteros locales, que decoran muros
con letras voluminosas y colores variados. Usualmente los grafitis locales
pueden verse como la manifestación del “no lenguaje” y no encarnan rebeldía o
condena social. A nivel de contenido, el trece es el número de la mala suerte,
según las creencias populares y está ligado a los días martes (sociedad
mexicana) y viernes (sociedad norteamericana). “Martes trece, no te cases ni te
embarques”, reza el viejo refrán popular de la cultura nacional. Por la cultura
estadounidense, el trece figura en un célebre filme de horror: Friday 13th.
o “Viernes trece”. En el caso del número en el mural, es posible que responda
al inconsciente colectivo o nacional mexicano y hasta puede verse como una
preferencia social por los objetos o costumbres negativas propias de nuestro
tiempo, como una reacción frente a la comodidad, el lujo y el optimismo de la
clase media engendrada bajo el capitalismo global en México.
Así, los rebeldes mexicanos rinden culto a la Santa Muerte, usan ropa negra estrafalaria, lucen cortes de cabello y barba grotescos, se pintan el pelo con colores llamativos, exaltan a los narcos y la música banda, cultivan la violación de reglas y leyes de todo tipo, usan carros de colores grises y negros, la costumbre nociva de vapear, fumar y beber alcohol en exceso y en lugares públicos, el vicio de consumir droga, la tendencia de comer y engordar demasiado, abusar del uso del celular y la conducción de vehículos automotores, vestir pantalones de tubo que hacen lucir los cuerpos como pollos o gallinas, traer a los perros en la calle sin cordón, tirar basura en los espacios públicos, entre otras costumbres raras, absurdas y anticomunitarias de nuestro tiempo.
Como
todos esas costumbres, el número trece encarna la superstición popular opuesta al
racionalismo y la lógica de las ciencias y representa las obsesiones por romper un orden
social y transgredir reglas, leyes y costumbres civiles y comunitarias. ¿Por qué no escogieron otro número más
positivo, el 21 de Michael Jordan o el 10 de Pelé o Maradona, por ejemplo?
4. LA CABEZA GIGANTE DE LA SERPIENTE DE CASCABEL.
Impresiona esta imagen por las escamas perfectamente remarcadas del reptil,
tanto que parecen de piedra, como las antiguas serpientes prehispánicas de la historia mexicana incrustadas en las pirámides aztecas. La víbora aparece de perfil. Sin
embargo, no denota algún mensaje cultural directo. Más bien parece una elección
estética del artista anónimo que la puso en esa pared. Aunque no es el caso,
la serpiente significaba salud en la medicina antigua; era una deidad náhuatl
que servía para describir pictóricamente al dios Quetzalcóatl, “La Serpiente
Emplumada”; aparece en el Libro del Génesis de La Biblia al lado de Adán
y Eva como símbolo del mal, la tentación y el pecado.
Por otro lado, la víbora de cascabel forma parte de la
fauna del desierto y, en este sentido, puede referirse al medio rural del
estado de Chihuahua. En el caso del mural, ¿representa el mal, el peligro o la belleza
misma? ¿Se trata de una referencia al desierto o a Quetzalcóatl? Por la
perfección formal y el aislamiento del animal, se erige en ese espacio público
como un símbolo de belleza, una belleza que se acerca a la escultura de piedra.
5. EL RARÁMURI ANCIANO. Un tarahumara porta una
vestimenta tradicional de manta o de algodón: su clásico atuendo étnico y su
diadema de tela en la cabeza. En general, expresa un homenaje al antiguo habitante de
la Sierra Tarahumara del estado de Chihuahua, esa otra forma de mexicanidad
profunda y de chihuahuaneidad auténtica y primitiva, la cual existe en nuestra región
norteña. De algún modo, ese anciano nos recuerda nuestros orígenes étnicos y
representa la sabiduría ancestral.
El tarahumara emerge como un retrato de excelente
hechura artística y como una conciencia transhistórica dentro del mural.
Sobresale por los rasgos faciales, el trazo del cabello largo y canoso y su
vestimenta tradicional. El tono gris dota de un encanto especial a la figura
del indígena chihuahuense. Sus ojos negros reflejan una melancolía serena y una
actitud de cavilación; sus cabellos largos y plateados, sabiduría; su diadema y
capa, un cargo de líder comunitario. Su figura denota un elogio hacia los marginados sociales.
El artista plástico o muralista no eligió la
modernidad tarahumara y no pintó a los niños, jóvenes o madres rarámuris, quienes ahora habitan la capital de Chihuahua y manifiestan todos los días su
civilidad, bonhomía, civilidad y avances económicos, culturales, laborales y
sociales, mediante la aculturación parcial o total. Una parte de los
tarahumaras cargan mochilas modernas y usan teléfonos celulares e inteligentes,
traen lentes, van a las escuelas y visten como mestizos.
6. EL AUTOMÓVIL ANTIGUO. Muestra perfección formal,
pues el coche es flamante y brilloso en sus metales y cristales. Curiosamente,
descansa al pie de un monolito antiguo que tiene un rostro humano. El conjunto
de carro y escultura primitiva funcionan en el mural como un contraste, pero
muy extraño y novedoso. Por un lado, se trata de una imagen de la tecnología
moderna; por otro, de un antiguo altar, un relieve de piedra que contiene la
figura de un supuesto dios precolombino.
Ambas imágenes visuales se alzan como mitos y
artefactos propios de dos distintas épocas: el antiguo y el moderno. Sin
embargo, su yuxtaposición luce un tanto absurda y disonante. Tal vez la postura
crítica de los muralistas anónimos fuera sólo comparar dos objetos que a todas
luces son objetos de culto en una sociedad como la mexicana.
De cualquier forma, la hechura estética es impecable,
armónica, equilibrada y perfecta como una fotografía. El dibujo es preciso, los
volúmenes bien balanceados y los colores básicos y fantasmales son claros,
lejos del tenebroso negro. Curiosamente, el muralista no eligió un auto, una
troca o una camioneta moderna y actual. Se trata de un carro antiguo que
luce como una obra artística y artesanal, como un artefacto estético de suprema
calidad, pero refleja pasatismo y nostalgia y no modernidad. Algunos grupos
sociales de los Estados Unidos manifiestan una preferencia por coleccionar
carros antiguos y hasta realizan desfiles y muestras de exhibición en lugares
públicos. Incluso, esos vehículos antiguos adquieren gran valor dinerario y los
coleccionistas pagan esas cifras elevadas. Esos carros son como obras de arte
para los amantes de la tecnología del transporte individualizado.
De esta naturaleza semiartistica, parece ser la
presencia de ese carro antiguo, mitificado y contrastado con el monolito
antiguo prehispánico. ¿Su trazo y su disposición contrastante emergieron como
un acto consciente o inconsciente?
7. LA VIRGEN CRISTIANA CLÁSICA. Su imagen es
expresionista y luce un manto. Puede ser la Virgen María, la madre
de Jesucristo. Exalta el catolicismo mexicano y manifiesta el respeto a lo
sagrado. Los parpados están hinchados en señal de constante sufrimiento; el
rostro es un tanto feo en contraste con la extrema idealización y la belleza
clásica y madónica de las vírgenes creadas por los artistas de la sociedad occidental.
8. LAS MANOS SUPLICANTES. Finas de piel, enormes en
dimensión, emergen como flores de unas ramas con espinas. Están envueltas en
poderosos rayos de luz como si fueran el sol. Sugieren oración, amor, perdón y
compasión. Las rodea una aureola de exaltación y su raíz implica dolor por las
espinas. Pueden ser manos sagradas de virgen o manos humanas. Representan la
parte más emocional y positiva de todo el mural. La imagen surgió casi al final
de la hechura total de la entera obra, como si fueran un agregado especial y
ulterior.
9. EL ZOMBI. Se ve como un fantasma, como un
aparecido, un alma en pena; muestra su faz horrorosa de ultratumba, cara
sombría de la muerte en vida. Se alza como una extraña figura, absurda y fuera
de lugar, dentro del conjunto de las otras imágenes del entero y novedoso
mural. Es una clara referencia a los personajes de las populares películas
norteamericanas del siglo veintiuno. En este sentido, puede ser un homenaje a
la cultura cinematográfica del nuevo milenio y a la vez un culto a las figuras
negativas, sombrías, terroríficas y mortuorias que han emergido en la cultura
popular.
Sin embargo, parece haber un mensaje implícito, de
posible crítica social a la sociedad capitalista y consumista: pululan
ciudadanos chihuahuenses como verdaderos muertos en vida por conductas muy
anómala como las conductas viciosas con sustancias intoxicantes como el alcohol y
las drogas.
10. EL ACUEDUCTO COLONIAL DE LA CIUDAD DE CHIHUAHUA.
Es una imagen que reproduce en versión minimalista el antiguo acueducto colonial hecho de piedra y mampostería. Luce en la parte inferior, muy aislado y cerca
de las manos suplicantes. Se trata de una tradicional referencia cultural a la antigua
cultura de la colonia española. El viejo acueducto real atraviesa las colonias
Revilla, Zarco y Campesina.
En suma, el mural forjado en una pared de una bodega en
la convergencia de las calles Lirios, Lilas y 5 de mayo emerge como uno de los
mejores y mas originales de la ciudad de Chihuahua. Fue pintado en 2024. Su
estructura es un tanto barroca por la yuxtaposición de figuras diversas,
contrastante y de distintas épocas históricas. Es expresionista su trazo,
sumaria su configuración y aglutinante su disposición de imágenes. Su técnica
pictórica es novedosa por el uso del color blanco (figuras) y el negro (fondo).
Su realización es colectiva con artistas anónimos que
firman con nombres o apodos dentro del mural. Su hechura entera revela gran
destreza artística y perfección y balance en dibujo, volúmenes y el uso del
bicromatismo. Su mensaje o contenido es mixto y disperso, pues está cubierto
con imágenes tradicionales (rarámuri, acueducto, virgen, serpiente, monolito prehispánico
y pirámides, caretas de tragedia y comedia y manos orantes) y modernas (rubia
sensual charra, zombi, grafiti del número trece y auto antiguo).
Sin embargo, el conjunto de figuras es muy extraño y
forma parte del inconsciente colectivo de la urbe chihuahuense, aunque
intervinieron artistas individuales. Convergen figuras eróticas, artísticas,
animales, étnicas, tecnológicas, religiosas.
Las técnicas son novedosas —fondo negro, colores
claros de las imágenes. Puede implicar fantasmagoría y evanescencia, mentalidad
oscura, en el nivel del significado temporal. El fondo blanco y los colores
variados implican los mensajes estéticos y culturales de más impacto, según la
tradición del muralismo mexicano.
El color negro es lúgubre por naturaleza, mortuorio,
reflejo de un tiempo oscuro, destructivo y decadente, marcado por grandes
crisis sanitarias, económicas, políticas, sociales y culturales. Se ve esta
decadencia en la ropa de la gente y el color de los carros, lo cual describe el
espíritu actual de la época y la moralidad personal y colectiva. El negro es el
color de la muerte, el poder, la codicia y cierta elegancia, según los expertos
cromáticos.
Dentro del conjunto, la figura más problemática y
absurda del mural en cuestión es la colocación contrastante de un monolito
prehispánico (mito tradicional) al lado de un hermoso coche antiguo
(mitificación polémica). En realidad, los vehículos automotores se han
convertido en transportes necesarios, obsesiones excesivas y objetos de culto
que han perturbado la vida moderna en las ciudades por la sobrepoblación en
espacios limitados, el tráfico excesivo, el ruido exagerado, los usos ilegales
y criminales y la terrible contaminación del aire.






















