miércoles, 22 de marzo de 2017

"EL VIEJO CENTRO" DE LA CIUDAD DE CHIHUAHUA: BELLEZA, VIDA Y MEMORIA

“EL VIEJO CENTRO” DE LA CIUDAD DE CHIHUAHUA: BELLEZA, VIDA Y MEMORIA




ÓSCAR ROBLES




          En las décadas de los sesenta y los setenta, el cine era una de las pasiones grandes de los ciudadanos chihuahuenses. Con frecuencia, asistían a una función en los viejos teatros del Centro Histórico, para ver cintas mexicanas, estadounidenses y europeas. Revisaban las carteleras en los periódicos locales y veían los títulos de filmes y nombres de actores en las marquesinas radiantes de colores luminosos, compraban aromáticas palomitas, devoraban un chocolate tamaño “portafolio”. Se sentaban en la oscuridad de las salas y se sumergían como en sueños cuando empezaba la magia, los colores y la fantasía de las películas. Como los viejos teatros de cine, ¿qué negocios y edificios despiertan la nostalgia de aquellos años idos de la ciudad pueblo, “la Chihuahuita” provinciana de “buenas gentes”?


1.    LAS TIENDAS DE LA CALLE LIBERTAD Y OTRA ZONAS: COMERCIO, EDUCACIÓN Y ENTRETENIMIENTO


          El Centro Joyero fue la segunda joyería en ofrecer sus servicios dentro del entonces pequeño centro de la ciudad. Se ubicaba y se ubica actualmente en la populosa calle Libertad, muy cerca de la calle Quinta. La primera fue La Princesa y estaba originalmente en la calle Libertad, casi esquina con la Tercera. Entonces se oían las campanadas de las doce del día en toda la calle Libertad cuando sonaba el reloj de La Princesa, cuenta Luis René Barousse, propietario del primer negocio citado.



EL CENTRO JOYERO, LA SEGUNDA JOYERIA DEL CENTRO DE LA CIUDAD DE CHIHUAHUA


          Hace más de cincuenta años, había diversos negocios y edificios que eran muy reconocidos y visitados por los ciudadanos para surtirse de ropa, calzado, alimentos, medicinas, aparatos electrodomésticos y objetos de cultura, entre otros productos del diario vivir mexicano de aquellos años. Por ejemplo, El Café Internacional era uno de los puntos de referencia para los amantes del cine y para los demás visitantes del viejo centro. Se situaba en la esquina de las calles Victoria y Segunda. Estaba pintado de verde bandera y los empleados despachaban la comida por unas ventanas de madera y cristal que daban justo al exterior de la Segunda. Ofrecía sabrosos y calientitos alimentos preparados a los que salían de las funciones de los cines Alcázar y Plaza. Estos cines llamaban la atención por sus luminosas marquesinas blancas con títulos de filmes en prominentes colores azul, rojo y amarillo. En dicho café, se servían tortas y burritos. En particular, la gente bajaba al sótano y se sentaba a disfrutar de apetitosos manjares. Pertenecía a la familia Wong, cuyo descendiente era Fernando Wong, el basquetbolista que jugó para los Doraditos de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) a finales de la década de los setenta, informa Barousse.



EN ESTA ZONA, ESTABAN EL CINE ALCAZAR Y EL CAFE INTERNACIONAL


En ese tiempo, la gente salía de ver dos películas en el cine Plaza o el Alcázar, pedía una torta en una de las ventanillas del “café verde”, el café bandera, y los niños “cineros” compraban comida mexicana, justo entre la cantera y las arabescas decoraciones del Alcázar y las luminosas marquesinas del viejo Plaza.
          Y ahí, muy cerca, al otro lado de la calle Victoria, se erige una portentosa joya del Barroco mexicano desde hace siglos: La siempre bella Catedral de la Santa Cruz o Catedral de Chihuahua, con sus erguidos campanarios, sus redondas cúpulas y sus retablos de floridos relieves hechos de pura cantera y sus numerosos santos en la fachada principal, donde se presiente la presencia de Dios y el vuelo de los ángeles, bajo el cielo azulino y el dorado resplandor del sol, rugiendo como león arriba o iluminando con amor los resquicios de belleza de la ciudad vieja, ciudad nueva, transformándose en el tiempo.
          El Cine Alcázar ocupaba el lugar donde se encuentra actualmente el nuevo edificio del gobierno municipal, donde antes estuvo Scotia Bank y el Banco Comercial Mexicano (COMERMEX) de la familia Vallina. En esa antigua sala, exhibían cintas norteamericanas de horror y de vaqueros [V. gr. The Cowboys (1972), filme protagonizado por John Wayne], entre otras películas. Destacaba por su fachada arabesca y sus preciosas canteras talladas.
          En tanto, el Cine Plaza era un símbolo importante del Centro Histórico, al igual que la Catedral de la Santa Cruz, la Presidencia Municipal y el antiguo Hotel Presidente. Durante el sexenio del presidente Luis Echeverría, se presentaban películas del Nuevo Cine Mexicano de los setenta, el cual era representado por directores como Arturo Ripstein, Felipe Cazals, Alberto Isaac, Jorge Fons, Rafael Corkidi y otros más.
          En el Hotel Hilton, se alojaban los turistas. Se encontraba a un lado del ahora edificio del Congreso del Estado (antiguo Hotel Presidente), justo en la esquina de la calle Libertad y Avenida Independencia. Su restaurante era notorio por su elegancia y sus muros de cantera. Era célebre porque atendía regularmente a parroquianos de la clase alta y a los propios visitantes de la soleada ciudad norteña.
          El Café de la Esquina (hoy Scotia Bank) lucía como una enorme pecera rectangular con sus puros ventanales de cristal puro, donde se veía la pulida limpieza de sus pisos, las verdes plantas de las macetas, la barra de servicio y las mesas y sillas donde se sentaban a leer los periódicos los clientes, Varios de esos señores vestían con traje y corbata y eran políticos y empresarios. 


AL OTRO LADO DE ESTE EDIFICIO, SE UBICABA EL CAFE DE LA ESQUINA, POR LA AVENIDA INDEPENDENCIA


          Fundamentalmente, la calle Libertad se distinguió en los sesenta y en los setenta por ser la gran calle comercial. Se había convertido entonces en el centro de reunión de muchos jóvenes estudiantes que cultivaban la amistad, se bebían refrescos, compraban ropa y calzado, paseaban por las banquetas, iban al cine y bailaban en las tardeadas del “sotanesco” Discoteque Morelos de la calle que daba su nombre al negocio, donde tocaban musica disco y los danzantes emulaban a John Travolta.
Justo entre la Avenida Independencia y la calle Vicente Guerrero, se concentraban las más famosas tiendas de la vieja Libertad de la entonces ciudad provinciana y pueblerina. Refulgían con sus seductores y cristalinos aparadores muchos negocios de diversa índole comercial: La Farmacia Plaza con sus medicamentos, cremas y brillantinas. La cafetería y la tienda de Woolworth, donde se servían buen café y sándwiches y la gente compraba discos de acetato de treinta y cuarenta y cinco revoluciones y de long play, entre diversos productos. En la joyería La Princesa, se adquirían buenos relojes y medallas con imágenes religiosas. La antigua zapatería Canadá surtía los famosos zapatos tenis de telas color negro con motivos rojos y de color azul y una variedad de zapatos. Las joyerías La Nacional y El Centro Joyero eran fascinantes por sus relojes, anillos de compromiso y sus cadenas chapeadas en oro. En particular, la zapatería La Tolteca tenía buena reputación por su fino calzado mexicano de diversas marcas y los célebres y cómodos Hush Pupppies. Cerca de este sitio, se erigía un bello edificio de dos pisos y de dinteles y jambas de cantera, uno de los más hermosos de todo ese sector: La Casona Prieto, asiento de la antigua mueblería Salinas y Rocha . Los clientes adquirían camas, libreros, burós y los primeros tocadiscos y televisores de venta masiva para escuchar a sus cantantes favoritos y disfrutar del Mundial de Futbol México 1970, cuando  los mexicanos admiraban al poderoso Scratch de Oro de Pelé, Rivelino, Jair, Gerson y Tostao. En la tienda de discos Discorama, cercana a la calle Tercera, los jovencitos se fascinaban con los discos de Eagles, Bee Gees, America, Electric Light Orchestra y ABBA y los adultos compraban grandes álbumes con la música de Javier Solís, Lucha Villa, Vicente Fernández o Los Panchos. La íntima Casa Jorge expendía diversas telas, pantalones, vestidos y calzado para niños y adultos, muy cerca de Almacenes García. Después, este histórico negocio, cuyo dueño era el inmigrante libanes don Jorge Saad, se mudó a la calle Victoria, justo enfrente de la Botica Central, donde actualmente laboran sus empleados. En la cafetería Liveer, los ciudadanos disfrutaban y todavía gozan de refrescos, hamburguesas, papas fritas y de las célebres banderillas embarradas de salsa catsup y mostaza.


ESTE EDIFICIO ERA SEDE LA MUEBLERIA SALINAS Y ROCHA DE LA CALLE LIBERTAD



SALINAS Y ROCHA EXHIBIA SUS MUEBLES EN LOS DOS PISOS DE ESTE PROMINENTE EDIFICIO



EN ESTE EDIFICIO DE DOS PISOS ALMACENES GARCIA RECIBIA A SUS NUMEROSOS CLIENTES

En realidad, eran muchos los negocios de ese “corazón” de la bienamada calle Libertad. Por ejemplo, los niños y jóvenes practicaban mucho el baloncesto, el beisbol y el futbol soccer, entonces se surtían de uniformes, guantes, bates y balones en Deportes La Fama. Por su parte, La Soriana y Almacenes García (del edificio de dos pisos del antiguo Hotel Francia) contaban con un gran surtido de ropa para caballero, dama, niños y bebé, además de coloridas telas y hules para forrar libros y cuadernos escolares. La singular Pastelandia era el paraíso de los sabores, pues se exhibían en charolas deliciosos panes, bizcochos y pasteles y, en especial, se expendían unos asequibles y blancos pasteles de merengue y coco y “azucarosos” y blandos bizcochos. En cambio, Mueblerías Villarreal representaba otro emporio de buenos muebles para cocinas, recámaras y salas, muy cerca del antiguo edificio de estilo porfiriano de Correos de México (hoy Museo Casa Chihuahua).
Dentro de este contexto de tiendas y comercios pequeños, los niños y jóvenes gozaban mucho al comienzo de los ciclos escolares. Entonces, se embriagaban con los útiles escolares, olorosos a madera y a papel nuevo, dentro de las librerías y papelerías y cada temporada escolar acudían presurosos a dichos negocios con sus padres o solos. Estos comercios se saturaban de clientes hacia el final del verano y representaban el mundo del conocimiento, la creatividad, la lectura y la escritura, las ciencias y las humanidades. Por ejemplo, las librerías y papelerías Palas Atenas y Publicaciones Nacionales ofrecían diversos productos de esta clase. En particular, el primer negocio contaba con los fascinantes libros de texto de matemáticas, biología, español, química, física, música, historia de México, historia universal, literatura universal y vendían los colores de madera con los dibujos de Blanca Nieves y los Siete Enanos trazados en la caja. Con estos colores, los niños acostumbraban dibujar héroes históricos, casitas, árboles, ríos, animales, peces, nubes y montañas en sus cuadernos para cumplir con sus tareas de dibujos o entre los descansos de clases como mera afición personal. En particular, eran famosos los lápices amarillos marca Mirado y los cuadernos Scribe, Polito y Colonial de virginales y blancas páginas abundantes, los cuales eran muy invitantes para escribir reportes escolares y composiciones. También, se adquirían en estos negocios juegos de geometría, gomas de borrar, pegamentos y tantos útiles escolares que revelaban la gran pasión por la escuela y el conocimiento de muchos chihuahuenses de aquellos años maravillosos de tranquila vida provinciana.


EN ESTA ZONA DE LA CALLE LIBERTAD, ESTABA LA LIBRERIA Y PAPELERIA PALAS ATENEA, MUY CERCA DEL PALACIO DE GOBIERNO DEL ESTADO DE CHIHUAHUA



PUBLICACIONES NACIONALES SE HALLABA EN EL PRIMER PISO DE ESTE EDIFICIO, POR LA CALLE LIBERTAD

Un libro que envuelve mi memoria con nostalgia es Perdidos en el espacio. Era exhibido en un vertical y estrecho aparador de cristal de Publicaciones Nacionales. Nunca pude comprarlo ni recuerdo el autor de este texto. Este libro era la base de la popular serie de televisión norteamericana donde el temeroso y conflictivo Doctor Smith metía siempre en problemas a la unida y ordenada familia Robinson cada vez que su nave El Júpiter II arribaba a un planeta desconocido. La familia estaba compuesta por los esposos Robinson y los hijos de ambos la rubia Judy, la bella y dulce Penny y el suspicaz Will y los acompañaban siempre el mayor Don West y el atingente Robot. Esencialmente, Perdidos en el espacio / Lost in Space fue una serie de gran éxito en los Estados Unidos y México durante la década de los sesenta.
¡Cuánta historia del comercio citadino de la ciudad de Chihuahua se encerraban en esos lugares de la calle Libertad, el mero “corazón” del Centro Histórico! ¡Cuántos recuerdos familiares y de amistad pasaron por esa zona comercial!


2. LOS APASIONANTES Y ENSOÑADORES CINES DEL CENTRO


Esencialmente, los cines fueron el centro del entretenimiento familiar durante las décadas de los sesenta y los setenta.  Además, de los cines Plaza y el Alcázar, otras salas se ubicaban cerca del sector de la calle Libertad. El más bello e histórico fue el Cine Colonial (hoy Teatro de la Ciudad). Se ubicaba en la calle Ojinaga, casi esquina con Avenida Independencia. Durante un tiempo, este cine se especializaba en filmes del famoso Cine Ranchero y del Cine de Luchadores, con estrellas como Antonio y Luis Aguilar, los chihuahuenses Lucha Villa y Miguel Aceves Mejía, Javier Solís, El Santo, Blue Demon, Mil Máscaras y otros actores. Otra sala de gran clase en su arquitectura fue el Cine Azteca. Esta sala estuvo destinada para gente de más escasos recursos económicos, los cuales podían disfrutar de tres filmes mexicanos por pocos pesos. Fue fundada en 1929 por la actriz mexicana Lupe Rivas Cacho, según reza la placa colocada en ese lugar. Particularmente, obreros mestizos y tarahumaras asistían con frecuencia a ese lugar. Todavía se puede admirar la fachada con tallas de cantera de finos motivos y figuras míticas de la cultura náhuatl en la Avenida Ocampo, muy cerca de la Avenida Veinte de Noviembre. Los gentiles lectores de mi Blog pueden leer mi artículo “El Cine Azteca: Restos de belleza artística”, el cual fue publicado el lunes 15 de agosto de 2016. Para ello, consulten la siguiente liga:
En tanto, el Cine Chihuahua y el Cine Olimpia representaban otras opciones de cine mexicano, norteamericano y europeo, muy cerca del Palacio de Gobierno del Estado de Chihuahua. Se encontraban por la Avenida Venustiano Carranza, justo en los terrenos donde hoy se levanta el Edificio Héroes de la Revolución. En aquellos lejanos años, los fanáticos se embebían con los creativos carteles con fotografías de los filmes, los cuales eran colocados en las vitrinas de ambos cines y podían escoger entrar a uno u otro o hasta pasaban de una sala a otra en el mismo día. El primer cine destacaba por sus películas norteamericanas y mexicanas y porque las personas entraban por unos escalones, abrían las cortinas gigantes y de pronto se topaban arriba con la enorme pantalla con las escenas de la película si llegaban un poco tarde. El segundo era una espaciosa sala con paredes de madera y mostraba filmes de gran calidad artística del cine europeo y estadounidense. Cerca de ahí, la Sala 2001 era muy moderna y más reciente y se convirtió en sede de la Fiscalía General del Gobierno del Estado. Estaba situado en la calle Vicente Guerrero, en el lado oeste del Paraninfo de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH).
En especial, el ya desaparecido Cine Variedades pertenecía a una clase especial de sala. Deleitaba a los niños con sus funciones de viejas películas de Walt Disney como Bambi (1942) La Dama y el Vagabundo (1955) y  Blanca Nieves y los Siete Enanitos (1937). Estaba en la flamante Avenida Juárez, zona de restaurantes de lujo, muy cerca de la Avenida Colón y del famoso hotel estilo hispano-californiano Hotel Victoria, el cual era propiedad del empresario don Mariano Valenzuela. Esta sala se caracterizaba por ser un enorme galerón propio de la década de los sesenta y cabían en sus dos grandes secciones numerosos espectadores, especialmente cuando el cine era un gran espectáculo para masas en México. La gente salía de este bello cine de coloridas marquesinas similares a las del Cine Plaza, cruzaba la Juárez y disfrutaba de una hamburguesa y una malteada en el restaurante de bellísimo nombre La Luz del Día, el cual contaba con un estacionamiento de tejabanes propio para clientes que querían servicio en sus vehículos. Su diseño se parecía a los viejos cafés  norteamericanos tipo Sixties, donde servían nieves, hamburguesa, hot dogs y malteadas. Ahora el  edificio del antiguo Cine Variedades es recinto de la tienda Elektra.
Otros cines maravillosos ofrecían funciones de cine mexicano, norteamericano y europeo con sus ensoñadores y coloridas historias en movimiento. A la entrada, los espectadores se detenían a comprar palomitas, chocolates, refrescos, hot dogs y sándwiches en sus relumbrosos expendios de alimentos y bebidas del cómodo lobby. Por ejemplo, el Cine Dorado forma parte de una generación posterior de salas. Fue inaugurado a principios de la década de los setenta y se encontraba en la esquina de las avenidas Universidad y Niños Héroes, donde ahora se ubica la plaza con la estatua del rebelde indio tarahumara Teporaca. Uno de sus primeros filmes fue Operación Plus Ultra, cinta del cine español. Posteriormente, exhibieron allí filmes de cine erótico y cine italiano durante algunos años. Por su parte, el Cine Premiére de la calle Aldama, muy cerca de la Avenida Independencia, fue derruido para ubicar un estacionamiento. Era el territorio de los filmes norteamericanos. El Cine Revolución también fue derrumbado para crear la actual Plaza de las Fuentes de la Avenida Juárez y calle Vicente Guerrero o Neri Santos, donde se erige la imponente estatua al Policía Caído. Finalmente, el Astro Cinema es sede de una iglesia cristiana en la actualidad. Se ubica en la esquina de la Avenida Universidad y calle Garcia Conde.
Otros cines destacados estaban más alejados del Centro Histórico y fueron edificados a finales de los setenta. Por ejemplo, la Sala 2000 ofreció diversas funciones de filmes de gran éxito en taquilla como La Bamba (1987) de Luis Valdez y Alien (1979) de Ridley Scott, entre numerosas cintas. Estaba situado en la calle Progreso, a espaldas del actual edificio de la Junta de Aguas y Saneamiento, donde funcionaba antes el periódico Novedades de Chihuahua.


3.    LOS NEGOCIOS CERCANOS A LA PLAZA MERINO


Por la calle Libertad, hacia el oeste, se distinguían otros negocios, a partir de la Casa del ex gobernador Enrique C. Creel y cerca de la Catedral de Chihuahua. En primer lugar, la desaparecida Casa Acosta vendía ropa en la esquina de las calles Segunda y Libertad y tenía un caballito pinto de duro metal que respingaba cuando se depositaba una moneda en la ranura de la base de metal. En segundo lugar, la flamante y espaciosa La Feria vendía ropa y calzado muy elegantes y de buena factura en el edificio donde se hallaba antes la famosa tienda La Francia Mercante de las calles Libertad y Cuarta. Pertenecía a la familia Legarreta. En tercer lugar, otra tienda La Soriana surtía ropa a la clase media, a un lado de la populosa Plaza Merino.


LA PRESTIGIOSA TIENDA LA FERIA SE UBICABA EN ESTE EDIFICIO ANTIGUO DE LA CALLE LIBERTAD, JUSTO EN EL LADO NORTE DE LA CATEDRAL DE CHIHUAHUA


En especial, la fascinante tienda de papelería y juguetes La Casa del Barillero se encontraba en la calle Libertad, justo enfrente de dicha plaza, donde ahora se encuentra la Papelería Zero. Esencialmente, este negocio contaba con aromosos cuadernos y juguetes de plástico de animales de granja, de mar y de la selva y héroes de historietas como El Llanero Solitario, El Zorro y Toro, entre diversos productos de escuela y de juegos infantiles. En tanto, La Casita de Paja contaba con deliciosos alimentos preparados como guisos y sopas. En la Ferretería El Pino, se podían hallar piezas de baños y cocinas y herramientas de reparación. Otra tienda de Discorama acumulaba discos de acetato de diversas revoluciones y tamaños en la esquina de la Libertad y la Avenida Ocampo.
Por ese sector cercano a la Plaza Merino, los viandantes caminaban a la compra de la mercancía deseada: cuadernos, lápices, comida, discos o herramientas. Entonces, se internaba uno en dicha plaza que tenía unos baños públicos subterráneos. La gente se apostaba enfrente de la clásica y tradicional Refresqueria Martinez, enclavada en tal plaza y encerrada en un pequeño cuartito con mostrador hacia fuera. Los clientes acostumbraban beber sabrosas aguas frescas de piña, coco, melón o limón o una malteada de chocolate con delicioso Choco Milk y comerse  piezas de rico pan dulce mexicano o un jamoncillo que se deshacía en la boca con gran y dulce placer. Mientras tanto, los ojos de la gente recorrían la cuerda de ixtle que colgaba ahí y miraban arriba, moviendo sus “tiernas aletillas” de papel las historietas y revistas de deportes. Por ejemplo, los fanáticos compraban pro pocos pesos las nuevas y relumbrosas ediciones de los cómics del momento: Kalimán, el hombre del turbante blanco; Memín Pinguín, el niño de raza negra con su madre Eufrosina; El Llanero Solitario, Gene Autry, Roy Rogers, Red Rider y Hopalong Cassidy, los grandes héroes del salvaje oeste estadounidense; Batman, Superman y Aquaman, los poderosos superhéroes salvadores de la humanidad; Archie y sus amigos, los jóvenes de la clase media y alta norteamericana que disfrutaban de malteadas, escuela y amores: Verónica del Valle, Betty, Torombolo y Carlos; La Pequeña Lulú, la dulce y graciosa niña; Fantomas, el personaje del traje, la capa y la máscara elegantes. Además, los fanáticos al deporte seguían a sus equipos y estrellas en las revistas Lucha Libre, FutbolBalón, Arena Box y Lucha y Beisbol, entre otras revistas. Así pues, las historietas y revistas deportivas contaban con cientos de lectores y fueron una gran pasión y una sencilla lectura durante las décadas de los sesenta y los setenta mientras se saboreaban un refresco, un café y un lonche o torta de carne de res o de puerco. Podían tener entre sus ávidas manos la fresca literatura de palabras y dibujos de colores del día o de la semana, como un pez recién pescado en los puestos de revistas como la célebre Refresquería Martínez. Además, este negocio apoyaba a los equipos deportivos en los candentes y disputados torneos municipales con coloridos y relumbrosos uniformes. Finalmente, estas historietas y revistas deportivas fueron la escuela de imaginación y fantasía para muchos niños de aquellos años en que México era un país subdesarrollado y la ciudad de Chihuahua una ciudad provinciana y amable.


4.    LOS NEGOCIOS DE LA CALLE VICTORIA: ROPA, ÚTILES ESCOLARES Y MEDICINAS


          En la calle Victoria, entre las avenidas Independencia y Ocampo, los comercios ofrecían telas, ropa y calzado, artículos religiosos, medicinas, comida, artículos de cocina, papelería y medicinas. La gente puede recordar tal vez dos negocios en la esquina de la Victoria y la Cuarta: Los famosos Almacenes Touché, negocio al que acudían rancheros y menonitas a comprar diversas telas para hacer sus ropas de trabajo rural, o La Casa Aragon con su surtido de ropa y calzado para todas las edades. En las tiendas Montoya y París México, los clientes adquirían elegantes camisas, pantalones y trajes y fin calzado. Justo en esa zona, se paraban algunas rutas de las camionetas del antiguo transporte público de la ciudad. En  tanto, La Candelaria surtía puntualmente de los albos trajes para hacer la Primera Comunión en los templos católicos de la ciudad y de los libritos con fragmentos de La Biblia. Por su parte, la clásica Botica Central era un espacioso lugar donde la gente podía sentarse y esperar el atingente suministro de medicinas o pasar por los estantes para comprar cremas Teatrical  o Nivea y brillantinas Glostora o Wildrot. En la íntima Librería Victoria, los fanáticos de la literatura adquirían libros de las editoriales Fondo de Cultura Económica y Porrúa, por ejemplo. Se ubicaba justo enfrente de lo que hoy es el Hotel Quality Inn San Francisco, entre la calle Cuarta y la Avenida Ocampo. Ocupaba un lugar especial en aquellos años de los sesenta y los setenta el popular negocio de Casa La Mexicana, cuyos propietarios eran inmigrantes libaneses. En este lugar, se exhibían en los aparadores cazuelas, ollas, vasijas, platos, tazas y cubiertos de metal. Estaba justo en el lado oeste de la Botica Central. Finalmente, los rancheros se equipaban y todavía se equipan de ropa de campo, simple o elegante, en El Norteño, propiedad de la familia Nahas.


ALMACENES TOUCHE VENDIA SUS DIVERSAS TELAS EN ESTA ANTIGUA CASA CON TALLAS DE CANTERA, SITUADA EN EL LADO SUR DE LA CATEDRAL DE CHIHUAHUA



CASA LA MEXICANA ESTABA EN EL EDIFICIO DE CANTERA DE DOS PISOS



ESTA FUE LA ANTIGUA CASA DE PEDRO ZULOAGA. EN ESTE SITIO, HA FUNCIONADO LA TIENDA EL NORTENO POR VARIAS DECADAS.


La Mercería Víctor era otro lugar fascinante para los niños, jóvenes y estudiantes. En los mostradores de cristal y madera de este sitio, se podían ver cuadernos, lápices, bolígrafos, colores y diversos útiles escolares y materiales propios de las papelerías. En especial, contaban con unos exhibidores de metal donde ponían los bellos libros de la colección Clásicos Ilustrados en versión simplificada. Por ejemplo, exhibían las historias de las novelas Las Aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn del norteamericano Mark Twain; Belleza Negra que trataba sobre la historia de un hermoso corcel azabache; Mujercitas de Louise M. Alcott; la novela La isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson. Esta mercería estaba justo en la esquina de la calle Victoria y la Avenida Ocampo, donde ahora se encuentra una conocida tienda de ropa vaquera.


5.    LOS RECUERDOS DE LUIS RENÉ BAROUSSE SOBRE EL CENTRO DE CHIHUAHUA


          —Acá de este lado había una gasolinera —me dice Luis René Barousse y me apunta hacia la zona de la calle Libertad y Avenida Venustiano Carranza, en la zona que hoy ocupa la Plaza Grandeza de Chihuahua— y también estaban por ahí la Ferretera Fronteriza y Riga. Estamos justo afuera del Centro Joyero de la calle Libertad y el comerciante habla del área este de la calle Libertad, por el rumbo de la Plaza Mayor o Plaza del Ángel.
          Cerca de esa área, por la Avenida Juárez, se ubicaban el periódico Norte propiedad del ex alcalde Luis Fuentes Molinar. A un lado del mismo, servían deliciosos alimentos los meseros del Café Saratoga y también se hallaba en esa zona Funerales La Paz. Esa área ahora es la Plaza Encuentro de las Culturas, donde los ciudadanos pueden admirar la prominente escultura en homenaje a La Madre Tarahumara de la artista Velia Acosta y las efigies de algunos venados saltarines tallados en metal.
Entonces, los recuerdos de Barousse viajan hacia el sur de la Avenida Independencia y menciona el café de chino de la esquina con la calle Morelos. Se llamaba La Suiza. En ese restaurante, expendían deliciosos panes recién hechos, comidas y aromático café. Entonces, rememoro otros negocios del área. Enfrente había unos baños de vapor y la desaparecida tienda de ropa y calzado Crédito Mexicano. En la esquina con la calle Ojinaga, todavía funciona el viejo negocio y la remozada papelería Newberry. Por la calle Valentín Gómez Farías, casi esquina con la Independencia, trabaja el antiguo Hotel Cortez con sus muros de intenso color naranja y justo enfrente los maestros del Colegio Palmore imparten clases. Antes, esta escuela fue el Centro Cristiano, con su gimnasio donde había torneos escolares de baloncesto.


EL CAFE LA SUIZA SERVIA DELICIOSOS PANES Y TAZAS DE CAFE EN ESTA CASA ANTIGUA DE LA AVENIDA INDEPENDENCIA, CASI ESQUINA CON CALLE MORELOS


Comerciante de prosapia, constructor de edificios por vocación y trabajo, chihuahuense de corazón, Luis René Barousse lamenta profundamente los últimos siete años tan vergonzosos para los chihuahuenses, entre 2008 y 2015. El señor Barousse es el dueño del Centro Joyero, situado en la calle Libertad, casi esquina con calle Quinta. Estudió en el antiguo Instituto Científico y Literario, construido en los terrenos que ahora ocupa el Paraninfo de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Colaboró en la construcción de la biblioteca y la alcaldía del municipio de Morelos, en la Sierra Tarahumara, según informa él mismo durante esta amena plática de calle. Este negocio perteneció a su abuelo, quien era un inmigrante de origen francés. Particularmente, la familia Barousse vino del norte de Francia. El primo de Luis René era Jorge Barousse, quien fungió como alcalde de la ciudad de Chihuahua, durante el periodo de 2000-2003, cuando fue gobernador Patricio Martínez (1998-2004).
Muy afable y conversador, delgado y con bigote y lentes gruesos, don Luis René Barousse ofreció su breve y gentil conversación, afuera de su negocio de joyas.


6.    EL “VIEJO CENTRO” DE LA CIUDAD DE CHIHUAHUA: BELLEZA, VIDA Y MEMORIA



Es importante recordar la historia positiva, constructiva y civilizada de la capital del Estado de Chihuahua, donde han florecido el comercio y la cultura. En ese lugar, también permanecen en el tiempo histórico templos de gran arquitectura, bellos edificios de cantera de los poderes estatal y municipal, escuelas y museos de arte y de historia, los famosos murales de Aaron Pina Mora en el Palacio de Gobierno y los de Leandro Carreon en el Paraninfo de la UACH. La memoria de don Luis R. Barousse iluminó mi propia memoria dormida y oscurecida por la ausencia larga de esta ciudad moderna.
Recientemente, la ciudad de Chihuahua fue catalogada en el número dos entre las mejores ciudades medianas para vivir en 2016, justo detrás de Saltillo (Coahuila) y delante de Hermosillo (Sonora), según un reporte oficial. A pesar de la Recesión Económica y las batallas contra el crimen y la violencia, la ciudad de Chihuahua cuenta con una gran infraestructura urbana, comercial e industrial. Los parques industriales del norte y la poderosa zona comercial de la Avenida de la Juventud son una fuerte base económica, pero hay que trabajar muy duro, ser autenticos y buenos ciudadanos, fortaleciendo una poderosa y creativa alianza entre gobiernos y sociedad.

          En conclusión, “el viejo centro” de la ciudad de Chihuahua era pequeño y poseía una vida como de pueblo. Ya era centro cultural (diversas salas de cine), económico (abundantes tiendas), político (varios edificios gubernamentales) y religioso (la Catedral y algunos templos antiguos). En especial, este “viejo centro” fue un espacio íntimo de placer, comercio, cultura y rica convivencia social. Ante todo, fue un espacio de belleza, imaginación, intensas sensaciones, ilusión, fe, amor, familia, viaje: Arte puro en bruto, alimento del alma y de la memoria. Fue un lugar de vida.


(TODAS LAS FOTOS FUERON TOMADAS POR OSCAR ROBLES)

martes, 14 de marzo de 2017

POSIBLES CANDIDATOS AL PREMIO MIGUEL DE CERVANTES 2017: ?OTRO MEXICANO?

POSIBLES CANDIDATOS AL PREMIO MIGUEL DE CERVANTES 2017: ¿OTRO MEXICANO?




ÓSCAR ROBLES




En 2016, el novelista español Eduardo Mendoza recibió el Premio Miguel de Cervantes. Entonces, un hispanoamericano puede ser honrado en 2017 con este prestigioso galardón de las letras hispánicas, ya sea originario de Norteamérica, el Caribe, Centroamérica o Sudamérica. En consecuencia, otro mexicano puede ganarlo.

                                                                                                    
1.    LOS SEIS IMPONENTES ESCRITORES MEXICANOS GANADORES DEL CERVANTES


Desde 1997 a 2016, los premios han sido otorgados de manera alterna cada año: Uno para Europa y otro para América. Algunos candidatos pueden ser tres poetas hispanoamericanos: El nicaragüense Ernesto Cardenal, el mexicano Eduardo Lizalde y el peruano Carlos Germán Belli. Entre los narradores, emergen los nombres del argentino César Aira, los mexicanos Ángeles Mastretta y Jorge Volpi, el peruano Alfredo Bryce Echenique, la uruguaya Cristina Peri Rossi, el boliviano Edmundo Paz Soldán, el chileno-argentino Ariel Dorfman y los chilenos Luis Sepúlveda, Isabel Allende y Alberto Fuguet, entre otros.
          En 2015, el mexicano Fernando del Paso fue el ganador de dicho premio. De este modo, México cuenta con seis ganadores de esta distinción literaria, la cual ha sido considerada como el “Premio Nobel en Lengua Española”, En particular, este país de Norteamérica ocupa el segundo lugar con más distinciones de este tipo, entre los veinte países de lengua española de Europa y América.
Los otros cinco escritores mexicanos con este premio en sus vitrinas son los siguientes: 1) Octavio Paz fue honrado en 1981; 2) Carlos Fuentes, en 1987; 3) Sergio Pitol, en 2005; 4) José Emilio Pacheco, en 2009; y 5) Elena Poniatowska, en 2013.
          El Premio Miguel de Cervantes fue creado en 1976, así que tiene cuarenta y un años de historia. El nombre oficial de esta presea es Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes y es concedido oficialmente por el Ministerio de Cultura de España, el cual evalúa cuidadosamente las propuestas de las Academias de la Lengua de todos los países hispánicos. Los países con más premios son los siguientes: España con veintidós; México con seis; Argentina con cuatro; Chile con tres; Cuba con tres; Colombia con uno; Paraguay con uno; Perú con uno; y Uruguay con uno (“Premio”). En especial, dos escritores fueron premiados el mismo año: El argentino Jorge Luis Borges y el español Gerardo Diego en 1979.


2.    FERNANDO DEL PASO Y SU PORTENTOSA NOVELA NOTICIAS DEL IMPERIO


      Especialmente, México ha obtenido cuatro premios Miguel de Cervantes entre 2005 y 2016. Entonces, se ve difícil que la Academia acredite a otro escritor mexicano con esta importante presea literaria. El último mexicano condecorado fue el novelista y periodista Fernando del Paso Morante (1935—). Este escritor es autor del poemario Sonetos del amor y de lo diario (1958) y de las novelas José Trigo (1966), Palinuro de México (1976), Noticias del imperio (1986) y Linda 67: Historia de un crimen (1995).
Su brillante novela Noticias del imperio pertenece a la corriente literaria de la Nueva Novela Histórica Latinoamericana. El texto consta de veintitrés capítulos, es una novela polifónica, explora la historia y la cultura mexicana y europea y utiliza diversos y poderosos narradores. Uno de los más intensos e imaginativos narradores es la monologante voz en primera persona de la protagonista Carlota de Bélgica, esposa de Maximiliano de Habsburgo. En particular, esta voz narradora construye una vigorosa y profunda subjetividad femenina. Asimismo, la larga e interesante trama se concentra en el breve periodo histórico de la Intervención Francesa en México y del Imperio Mexicano de Maximiliano de Habsburgo y Carlota, durante los años 1863-1866. También, la obra abarca el periodo de 1861 a 1927 con abundantes peripecias, personajes ficcionales e históricos y referencias a la historia de México, los Estados Unidos y Europa. En especial, la novela detalla la permanencia de la emperatriz Carlota en el Castillo de Bouchout, durante el año de 1927, presa de su locura y algunos destellos de lucidez mental.
          Tras el triunfo de Fernando del Paso en 2015, otros mexicanos pueden entrar a la competencia de 2017, tales como el poeta Eduardo Lizalde, la dramaturga Sabina Berman y los novelistas Ángeles Mastretta, Juan Villoro, Carmen Boullosa y Jorge Volpi, entre otros. Sin embargo, Ernesto Cardenal y otros hispanoamericanos aguardan el honor de ser Premio Miguel de Cervantes en los años restantes de la segunda década del siglo XXI, para colocarse como futuros candidatos al Premio Nobel de Literatura. La puertorriqueña Rosario Ferré y los argentinos Tomás Eloy Martínez y Ricardo Piglia ya murieron desafortunadamente sin recibir esta distinción.


3. LOS GANADORES DEL PREMIO MIGUEL DE CERVANTES (1976-2016)


He aquí los escritores ganadores del Premio Miguel de Cervantes entre 1976 y 2016. Aparecen ordenados por nacionalidades y se incluye una obra representativa por cada autor.

1.    LOS VEINTIDÓS ESPAÑOLES

Jorge Guillén, Cántico (poemario, 1950); Dámaso Alonso, Hombre y Dios (poemario, 1955); Gerardo Diego, Manual de espumas (poemario, 1924); Luis Rosales, La casa encendida (poemario, 1967); Rafael Alberti, Sobre los ángeles (poemario, 1929); Gonzalo Torrente Ballester, Los gozos y las sombras (novelas, 1957-1962); Antonio Buero Vallejo, En la ardiente oscuridad (novela, 1950); María Zambrano, El hombre y lo divino (ensayo, 1973); Francisco Ayala, El jardín de las delicias (novela, 1971); Miguel Delibes, La hoja roja (novela, 1959); Camilo José Cela, La colmena (novela, 1951); José García Nieto, Geografía es amor (poemario, 1955); José Hierro, Tierra sin nosotros (poemario, 1947); Francisco Umbral, Mortal y rosa (diario, 1975); José Jiménez Lozano, El grano de maíz rojo (novela, 1988); Rafael Sánchez Ferlosio, El Jarama (novela, 1955); Antonio Gamoneda, Edad (poemario, 1987); Ana María Matute, Los hijos muertos (novela, 1959); Juan Marsé, Últimas tardes con Teresa (novela, 1966); José Manuel Caballero Bonald, Entreguerras (poemario, 2012); Juan Goytisolo, Señas de identidad (novela, 1966); y Eduardo Mendoza, La verdad sobre el caso Savolta (novela, 1975).  

2.    LOS SEIS MEXICANOS

Octavio Paz, Libertad bajo palabra: obra poética (1935-1957) (poemario, 1960); Carlos Fuentes, La muerte de Artemio Cruz (novela, 1962); Sergio Pitol, El desfile del amor (novela, 1984); José Emilio Pacheco, Tarde o temprano (poemarios, 2009); Elena Poniatowska, La noche de Tlatelolco. Testimonios de historia oral (crónica, 1971); y Fernando del Paso, Noticias del imperio (novela, 1986). 

3.    LOS CUATRO ARGENTINOS

Jorge Luis Borges, Ficciones (cuentos, 1944); Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas (novela, 1961); Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel (1940); y Juan Gelman, Hechos y relaciones (poemarios, 1980).

4.    LOS TRES CHILENOS

Jorge Edwards, Los convidados de piedra (novela, 1978); Gonzalo Rojas, Oscuro (poemario, 1977); y Nicanor Parra, Poemas y antipoemas (poemario, 1954);
         
5.    LOS TRES CUBANOS

Alejo Carpentier, Los pasos perdidos (novela, 1953); Dulce María Loynaz, Jardín (novela, 1951); y Guillermo Cabrera Infante, Tres tristes tigres (novela, 1967).  
         
6.    EL PARAGUAYO

Augusto Roa Bastos, Hijo de hombre (novela, 1960).
         
7.    EL PERUANO
Mario Vargas Llosa, La guerra del fin del mundo (novela, 1981).
         
8.    EL URUGUAYO

Juan Carlos Onetti, El astillero (novela, 1961).
         
9.    EL COLOMBIANO

Álvaro Mutis, Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero (novelas, 1993).
         
        Curiosamente, no ganaron el Premio Miguel de Cervantes el mexicano Juan Rulfo, el colombiano Gabriel García Márquez, el chileno José Donoso y el argentino Julio Cortázar, entre otros superestrellas de la literatura hispanoamericana. Sin embargo, un hispanoamericano puede ser el triunfador hacia finales de 2017 y algunos escritores veteranos muy destacados de Hispanoamérica esperan ser los agraciados.



Obras citadas
“Premio Miguel de Cervantes.” Wikipedia. La enciclopedia libre. 14 marzo 2017.
Fundación Wikimedia, Inc. 11 diciembre 2016. <https://es.wikipedia.org/wiki/Premio_Miguel_de_Cervantes>.




sábado, 4 de marzo de 2017

VAQUEROS, PAISAJE AGRESTE, ANIMALES Y TRABAJO EN LA PINTURA DE BEDA JAQUEZ

VAQUEROS, PAISAJE AGRESTE, ANIMALES Y TRABAJO EN LA PINTURA DE BEDA JÁQUEZ




ÓSCAR ROBLES




          En técnica mixta o al pastel, los cuadros de Beda Jáquez recrean la belleza de las arduas faenas del campo; la vigorosa y heroica acción de los vaqueros en el arreo o el herradero; la belleza de sus vestimentas casi guerreras y épicas; los equipos de trabajo hechos de cuero y metal primordialmente; briosos y fieles caballos; salvajes reses de varias razas; rústicas y telúricas casas; y, sobre todo, hermosos paisajes agrestes plenos de sol, cielo, agua, tierra y/o árboles.
En general, las pinturas de Jáquez son una forma de exaltar la cultura rural y la ganadería del Estado de Chihuahua, cultura norteña del llano y del valle, bajo un pulido realismo figurativo. Es una manera de proyectar al vaquero norteño como un verdadero héroe de todos los tiempos que emprende duras “batallas” todos los días para cuidar el ganado. La ganaderia ha sido una de las grandes actividades económicas de Chihuahua desde que Cristóbal de Ontiveros introdujo esta actividad en dicho estado, durante la Colonia Española hasta el presente siglo XXI.
En especial, veinte pinturas de Jáquez fueron expuestas en 2015 en la ciudad de Chihuahua. Todos estos cuadros describen escenas campestres que exaltan la labor del campo y el protagonismo de sus hombres fuertes. Se observan en los cuadros vaqueros, reses, corrales, casas, arreos, ríos y árboles: Toda la belleza y la pasión de la tierra chihuahuense, sin concreta geografía o historia. He aquí una breve descripción de algunos de los cuadros:
1) Pudo admirarse a un vaquero sentado en una banca de piedras, justo afuera de una pequeña casa de adobes donde se guardan los arreos y la pastura. Se ve investido de chaparreras amarillas, camisa blanca, tradicional y blanquecino sombrero de alas cortas, portando una soga entre sus manos y una montura a su lado. Es una de las mejores pinturas, por el natural colorido, la consistencia de los volúmenes y la precisión de los detalles de muros, hombre y arreos. Luce como un cuadro de gran fuerza: El vaquero descansa, reflexiona, todavía con su “armadura” y su “casco” puestos en su cuerpo.
2) Otro de los grandes cuadros es una escena panorámica de gran factura artística. Describe a un jinete que conduce una manada de vacas cerca de un río de aguas azul profundo, dentro de una tranquila escena laboral que se alimenta de un poco de bucolismo y, sobre todo, exhibe gran belleza en el trazo de la tierra y las aguas del río.
3) Dos vaqueros amarran a un animal vacuno de color blanco, vistos desde un cercano acercamiento. El hombre del frente está de espaldas y trata de inmovilizar a la res. Viste camisa azul claro, chaleco y chaparreras de piel en color marrón claro, casi amarilloso.
4) El esplendor azulino del cielo de Chihuahua aparece en una pintura, trazado con una delicadeza de colores, una transparencia celeste, justo al fondo. Este cielo se nutre de algunos rayos solares y sirve de marco a otra escena con tres vaqueros que curan, señalan en la oreja y/o ponen el hierro a una res derribada sobre el suave pasto. La belleza del cielo azul y luminoso, tal vez de un amanecer, es impactante por su realismo, su “acuoso” resplandor de precisa luz solar derramándose sobre el mundo. 
5) Otra obra muestra a varias reses caminando en manada, vistas desde un cercano acercamiento. Reluce la pelambre de los animales, plasmada con precisión.
6) También, aparece en otro lienzo un niño mirando el alboroto de las reses amontonadas en un corral de palos. Es el futuro vaquero en ciernes que alimenta su futuro amor por el campo.
7)  Dos activos jinetes arrean algunas reses bajo el oro de la tarde,  montados en sus alazanes caballos, con la soga en alto como guerreros en batalla, entre el resplandor solar como de fuego que invade toda la escena. Una cara pinta de blanco y negro de una vaca asoma graciosamente entre los cuerpos de los animales, para dar un poco de dulzura al furioso incendio del sol y a la confusión del trabajo.
8) Este cuadro exalta los objetos que son símbolo de la ganadería y de los vaqueros en general. Son un típico sombrero norteño de alas cortas y un libro de ganadería, ambos colocados sobre una mesa. El buen dibujo y el buen pincel retratan con fidelidad a estos objetos.
En conjunto, las escenas de estas veinte obras pictóricas ofrecen un panorama vigoroso sobre los vaqueros y su elegante vestimenta a base de camisa, pantalones de mezclilla y chaparreras; sobre la verde vegetación del campo y sus bucólicos ríos de aguas mansas; sobre las clásicas escenas de herrar reses y conducir al ganado vacuno en corrales y veredas; sobre la portentosa luz del sol, esa claridad que enamora y siempre hace pensar en la presencia de Dios en la tierra. Dominan en estos cuadros los hombres con su porte viril y recio.
En la muestra citada, también se incluyeron algunos objetos reales propios de la cultura del vaquero chihuahuense y se escribieron en los muros algunos textos literarios sobre la gente del campo. Estos elementos testimoniales y literarios sirvieron para ambientar la convivencia entre arte y actividad económica, belleza y productividad, dentro de la cultura chihuahuense. Por ejemplo, se pusieron dos duros fierros de herrar en la pared, entrecruzados; se exhibió una montura original de piel sobre un pequeño mueble de madera; se colocaron un sombrero, una soga y una tradicional bombilla de petróleo y mecha sobre una verde paca de pasto para el ganado.
En especial, los espectadores pudieron leer hermosas y profundas ideas sobre la vida campirana en general. Algunos de estos pensamientos evocan un tanto las ideas del poema romántico El Gaucho Martín Fierro (1872) del argentino José Hernández. Por ejemplo, uno de los fragmentos expresaba poéticamente la necesidad de contar siempre con los vaqueros y la gente del campo, ya que en su duro trabajo se funde el ser humano con la naturaleza. Su autor era Juan Llamas y sus versos exaltaban al hombre del medio rural: “Que no se acaben los hombres / que tienen sabor a campo/ tueste de todos los soles / y aroma de los cerrados.” Por su parte, Esperanza López describe la perfecta fusión de jinete y caballo en las pacíficas y productivas funciones del campo: “Cuando sientes que tu caballo eres tú. . . que te siente y tú lo sientes. . . atento a todo lo que mandas, a todo lo que piensas. Cuando pasa todo eso. . . ¡sabes lo que es la felicidad!”
          En suma, Beda Jáquez evoca en sus veinte cuadros los paisajes que ella vio en la región agreste de Santa María de Cuevas y los retrata con un realismo pleno de colores suaves y dulces. Ante todo, sus encuadres, perspectivas y enfoques armónicos captan la vida del vaquero norteño, perfectamente insertado en su espacio natural, con sus animales y arreos de trabajo. Las pinturas de Jáquez lucen como perfectas estampas de almanaque o cartel o cuadro y despliegan una gran belleza y una exaltación de los hombres del campo que desarrollan la ganadería. Finalmente, la pintora chihuahuense construye sólidamente memorables figuras humanas, animales, vegetales y objetuales, para dar un contundente testimonio artístico de los trabajos del vaquero chihuahuense.
          Con sus bellos cuadros, Beda Jáquez produce una necesaria narrativa del campo de Chihuahua, en tiempos de claro dominio de la vida urbana, bajo el capitalismo global y multinacional. Sus faenas campiranas trazan la vida esencial del ranchero chihuahuense, hombre o mujer, anciano o joven, arriero o herrador, en reposo o en trabajo. Se ven como escenas arduas y laboriosas, pero sus dulces y suaves colores y firmes dibujos dotan de una serena idealización, de una gran armonía del campo. Los vaqueros son “héroes” del trabajo y la productividad, para la artista.
          Beda Jáquez nació en la ciudad de Chihuahua y vivió su infancia en el pueblo de Santa María de Cuevas, municipio de Belisario Domínguez [Chihuahua], la tierra donde nacieron los padres de la artista. Estudió artes plásticas en la Facultad de Bellas de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) y se graduó en 1985.
          Estas veinte obras fueran expuestas bajo el positivo y telúrico título de Pastos y montañas: Una tierra generosa en el Centro de Desarrollo Cultural (CDC) de la ciudad de Chihuahua, entre octubre y noviembre de 2015. Su exhibición fue para celebrar el aniversario 306 de la Fundación de la Ciudad de Chihuahua.
          Los gentiles lectores pueden contemplar algunas pinturas de la artista Beda Jáquez en los siguientes dos sitios:



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