jueves, 27 de agosto de 2026

MURAL DE SÍMBOLOS GLOBALES Y REGIONALES EN LA COLONIA ZARCO

 MURAL DE SÍMBOLOS GLOBALES Y REGIONALES EN LA COLONIA ZARCO

 

     La técnica pictórica es novedosa y llamativa para los viandantes que transitan por la esquina de las calles Lilas y 5 de mayo, en los linderos de las colonias Zarco y Campesina. Se observa un fondo profusamente negro y colores claros (aguamar, blanco y amarillo) como matices de los contornos y volúmenes. A nivel de contenido, se aglutinan figuras múltiples, tradicionales y modernas, regionales, nacionales y globales, todas los cuales constituyen arquetipos y paradigmas a base de gigantescos y estilizados cuerpos humanos, animales y objetuales.

En conjunto, todas las imágenes emanan un carácter simbólico sobre nuestro tiempo actual. En este sentido, las imágenes se fijaron en el amplio muro de una bodega y funcionan como un remanente o sedimento del imaginario urbano de la ciudad de Chihuahua. En especial, los artistas anónimos se apartaron del clásico y fastuoso cromatismo del histórico muralismo mexicano del siglo veinte y aun del siglo veintiuno, para sugerir una especie de filme estático en blanco y negro.

De esta forma, esos pintores que sugirieron sus nombres en un rinconcito del mural representaron así su rica visión del espacio citadino chihuahuense actual, mediante el trazo sólido de las siguientes figuras realistas y simbólicas a un tiempo:

1.LA MUJER RUBIA Y SENSUAL. Su apariencia física de raza blanca denota ser más bien un personaje norteamericano o europeo, una fantasía sexual de los hombres mexicanos, pero muy bien construida desde el punto de vista artístico. Trae un enorme sombrero charro, un vestido estrecho y arracadas grandes de argolla; exhibe impúdicamente un escote sensual que deja lucir dos apetitosos y bien redondeados senos; destacan sus labios carnosos, sus ojos y su faz extremadamente hermosos. Es una figura de busto, que no muestra una parte del torso y las piernas y una posición de semiperfil. Ocupa la parte izquierda del muro.




Se trata de una idealización masculina de una supuesta mujer mexicana, cuyos rasgos acriollados y americanizados son poco frecuentes en el contexto social actual de la capital del Estado Grande, donde dominan las mestizas obesas. Su imagen es mixta en su factura estética: proviene de las fantasías creadas por la cultura del espectáculo bajo la economía global y a la vez de la cultura popular mexicana (historietas, fotonovelas) del subdesarrollo económico de las décadas de los setenta y los ochenta.




2. DOS CARETAS DE CARNAVAL. Aparecen sobre un fondo blanco y rasgos negros en los cordones que sirven para atarlas. La hechura artística es perfecta, contornos bien definidos y volumen equilibrado. Aunque sus orígenes son más bien europeos (francés o italiano), representan la fiesta o el teatro, pero no las costumbres sociales mexicanas, puesto que las máscaras prehispánicas y de luchadores mexicanos son más representativas de la cultura nacional hasta nuestros días y esas prendas de los gladiadores modernos se observan en los estadios de futbol soccer. Una careta es llorosa en referencia a la tragedia; otra, risueña, encarna la comedia. Por este motivo, los muralistas rinden homenaje al teatro como ejercicio cultural, a la vez que engloban la vida mexicana, dividida entre el sufrimiento y la diversión. Su ubican enseguida de la mujer rubia.








3. EL GRAFITI DEL NÚMERO TRECE. Es enorme e indescifrable por sus limitados significados. Funciona como la mayoría de los grafitis públicos de los barrios abiertos de la ciudad de Chihuahua: quiere ser pura representación formal y estética, sin mensajes verbales o figurativos superficiales o profundos. Acaso todos los grafitis anónimos de dicha urbe aspiren a expresar su sentido estético del mundo a través de letras o números muy bien estilizados y con una armonía cromática impresionante. Los grafitis de Chihuahua son maravillosos por su pura forma estética.



La figura del número trece se encuentra justo en la parte inferior. Se trata de un homenaje a los grafiteros locales, que decoran muros con letras voluminosas y colores variados. Usualmente los grafitis locales pueden verse como la manifestación del “no lenguaje” y no encarnan rebeldía o condena social. A nivel de contenido, el trece es el número de la mala suerte, según las creencias populares y está ligado a los días martes (sociedad mexicana) y viernes (sociedad norteamericana). “Martes trece, no te cases ni te embarques”, reza el viejo refrán popular de la cultura nacional. Por la cultura estadounidense, el trece figura en un célebre filme de horror: Friday 13th. o “Viernes trece”. En el caso del número en el mural, es posible que responda al inconsciente colectivo o nacional mexicano y hasta puede verse como una preferencia social por los objetos o costumbres negativas propias de nuestro tiempo, como una reacción frente a la comodidad, el lujo y el optimismo de la clase media engendrada bajo el capitalismo global en México.




Así, los rebeldes mexicanos rinden culto a la Santa Muerte, usan ropa negra estrafalaria, lucen cortes de cabello y barba grotescos, se pintan el pelo con colores llamativos, exaltan a los narcos y la música banda, cultivan la violación de reglas y leyes de todo tipo, usan carros de colores grises y negros, la costumbre nociva de vapear, fumar y beber alcohol en exceso y en lugares públicos, el vicio de consumir droga, la tendencia de comer y engordar demasiado, abusar del uso del celular y la conducción de vehículos automotores, vestir pantalones de tubo que hacen lucir los cuerpos como pollos o gallinas, traer a los perros en la calle sin cordón, tirar basura en los espacios públicos, entre otras costumbres raras, absurdas y anticomunitarias de nuestro tiempo. 

Como todos esas costumbres, el número trece encarna la superstición popular opuesta al racionalismo y la lógica de las ciencias y representa las obsesiones por romper un orden social y transgredir reglas, leyes y costumbres civiles y comunitarias.  ¿Por qué no escogieron otro número más positivo, el 21 de Michael Jordan o el 10 de Pelé o Maradona, por ejemplo?




4. LA CABEZA GIGANTE DE LA SERPIENTE DE CASCABEL. Impresiona esta imagen por las escamas perfectamente remarcadas del reptil, tanto que parecen de piedra, como las antiguas serpientes prehispánicas de la historia mexicana incrustadas en las pirámides aztecas. La víbora aparece de perfil. Sin embargo, no denota algún mensaje cultural directo. Más bien parece una elección estética del artista anónimo que la puso en esa pared. Aunque no es el caso, la serpiente significaba salud en la medicina antigua; era una deidad náhuatl que servía para describir pictóricamente al dios Quetzalcóatl, “La Serpiente Emplumada”; aparece en el Libro del Génesis de La Biblia al lado de Adán y Eva como símbolo del mal, la tentación y el pecado.




Por otro lado, la víbora de cascabel forma parte de la fauna del desierto y, en este sentido, puede referirse al medio rural del estado de Chihuahua. En el caso del mural, ¿representa el mal, el peligro o la belleza misma? ¿Se trata de una referencia al desierto o a Quetzalcóatl? Por la perfección formal y el aislamiento del animal, se erige en ese espacio público como un símbolo de belleza, una belleza que se acerca a la escultura de piedra.




5. EL RARÁMURI ANCIANO. Un tarahumara porta una vestimenta tradicional de manta o de algodón: su clásico atuendo étnico y su diadema de tela en la cabeza. En general, expresa un homenaje al antiguo habitante de la Sierra Tarahumara del estado de Chihuahua, esa otra forma de mexicanidad profunda y de chihuahuaneidad auténtica y primitiva, la cual existe en nuestra región norteña. De algún modo, ese anciano nos recuerda nuestros orígenes étnicos y representa la sabiduría ancestral.




El tarahumara emerge como un retrato de excelente hechura artística y como una conciencia transhistórica dentro del mural. Sobresale por los rasgos faciales, el trazo del cabello largo y canoso y su vestimenta tradicional. El tono gris dota de un encanto especial a la figura del indígena chihuahuense. Sus ojos negros reflejan una melancolía serena y una actitud de cavilación; sus cabellos largos y plateados, sabiduría; su diadema y capa, un cargo de líder comunitario. Su figura denota un elogio hacia los marginados sociales.




El artista plástico o muralista no eligió la modernidad tarahumara y no pintó a los niños, jóvenes o madres rarámuris, quienes ahora habitan la capital de Chihuahua y manifiestan todos los días su civilidad, bonhomía, civilidad y avances económicos, culturales, laborales y sociales, mediante la aculturación parcial o total. Una parte de los tarahumaras cargan mochilas modernas y usan teléfonos celulares e inteligentes, traen lentes, van a las escuelas y visten como mestizos.




6. EL AUTOMÓVIL ANTIGUO. Muestra perfección formal, pues el coche es flamante y brilloso en sus metales y cristales. Curiosamente, descansa al pie de un monolito antiguo que tiene un rostro humano. El conjunto de carro y escultura primitiva funcionan en el mural como un contraste, pero muy extraño y novedoso. Por un lado, se trata de una imagen de la tecnología moderna; por otro, de un antiguo altar, un relieve de piedra que contiene la figura de un supuesto dios precolombino.




Ambas imágenes visuales se alzan como mitos y artefactos propios de dos distintas épocas: el antiguo y el moderno. Sin embargo, su yuxtaposición luce un tanto absurda y disonante. Tal vez la postura crítica de los muralistas anónimos fuera sólo comparar dos objetos que a todas luces son objetos de culto en una sociedad como la mexicana.




De cualquier forma, la hechura estética es impecable, armónica, equilibrada y perfecta como una fotografía. El dibujo es preciso, los volúmenes bien balanceados y los colores básicos y fantasmales son claros, lejos del tenebroso negro. Curiosamente, el muralista no eligió un auto, una troca o una camioneta moderna y actual. Se trata de un carro antiguo que luce como una obra artística y artesanal, como un artefacto estético de suprema calidad, pero refleja pasatismo y nostalgia y no modernidad. Algunos grupos sociales de los Estados Unidos manifiestan una preferencia por coleccionar carros antiguos y hasta realizan desfiles y muestras de exhibición en lugares públicos. Incluso, esos vehículos antiguos adquieren gran valor dinerario y los coleccionistas pagan esas cifras elevadas. Esos carros son como obras de arte para los amantes de la tecnología del transporte individualizado.




De esta naturaleza semiartistica, parece ser la presencia de ese carro antiguo, mitificado y contrastado con el monolito antiguo prehispánico. ¿Su trazo y su disposición contrastante emergieron como un acto consciente o inconsciente?




7. LA VIRGEN CRISTIANA CLÁSICA. Su imagen es expresionista y luce un manto. Puede ser la Virgen María, la madre de Jesucristo. Exalta el catolicismo mexicano y manifiesta el respeto a lo sagrado. Los parpados están hinchados en señal de constante sufrimiento; el rostro es un tanto feo en contraste con la extrema idealización y la belleza clásica y madónica de las vírgenes creadas por los artistas de la sociedad occidental.




8. LAS MANOS SUPLICANTES. Finas de piel, enormes en dimensión, emergen como flores de unas ramas con espinas. Están envueltas en poderosos rayos de luz como si fueran el sol. Sugieren oración, amor, perdón y compasión. Las rodea una aureola de exaltación y su raíz implica dolor por las espinas. Pueden ser manos sagradas de virgen o manos humanas. Representan la parte más emocional y positiva de todo el mural. La imagen surgió casi al final de la hechura total de la entera obra, como si fueran un agregado especial y ulterior.




9. EL ZOMBI. Se ve como un fantasma, como un aparecido, un alma en pena; muestra su faz horrorosa de ultratumba, cara sombría de la muerte en vida. Se alza como una extraña figura, absurda y fuera de lugar, dentro del conjunto de las otras imágenes del entero y novedoso mural. Es una clara referencia a los personajes de las populares películas norteamericanas del siglo veintiuno. En este sentido, puede ser un homenaje a la cultura cinematográfica del nuevo milenio y a la vez un culto a las figuras negativas, sombrías, terroríficas y mortuorias que han emergido en la cultura popular.




Sin embargo, parece haber un mensaje implícito, de posible crítica social a la sociedad capitalista y consumista: pululan ciudadanos chihuahuenses como verdaderos muertos en vida por conductas muy anómala como las conductas viciosas con sustancias intoxicantes como el alcohol y las drogas.




10. EL ACUEDUCTO COLONIAL DE LA CIUDAD DE CHIHUAHUA. Es una imagen que reproduce en versión minimalista el antiguo acueducto colonial hecho de piedra y mampostería. Luce en la parte inferior, muy aislado y cerca de las manos suplicantes. Se trata de una tradicional referencia cultural a la antigua cultura de la colonia española. El viejo acueducto real atraviesa las colonias Revilla, Zarco y Campesina.






En suma, el mural forjado en una pared de una bodega en la convergencia de las calles Lirios, Lilas y 5 de mayo emerge como uno de los mejores y mas originales de la ciudad de Chihuahua. Fue pintado en 2024. Su estructura es un tanto barroca por la yuxtaposición de figuras diversas, contrastante y de distintas épocas históricas. Es expresionista su trazo, sumaria su configuración y aglutinante su disposición de imágenes. Su técnica pictórica es novedosa por el uso del color blanco (figuras) y el negro (fondo).

Su realización es colectiva con artistas anónimos que firman con nombres o apodos dentro del mural. Su hechura entera revela gran destreza artística y perfección y balance en dibujo, volúmenes y el uso del bicromatismo. Su mensaje o contenido es mixto y disperso, pues está cubierto con imágenes tradicionales (rarámuri, acueducto, virgen, serpiente, monolito prehispánico y pirámides, caretas de tragedia y comedia y manos orantes) y modernas (rubia sensual charra, zombi, grafiti del número trece y auto antiguo).

Sin embargo, el conjunto de figuras es muy extraño y forma parte del inconsciente colectivo de la urbe chihuahuense, aunque intervinieron artistas individuales. Convergen figuras eróticas, artísticas, animales, étnicas, tecnológicas, religiosas.

Las técnicas son novedosas —fondo negro, colores claros de las imágenes. Puede implicar fantasmagoría y evanescencia, mentalidad oscura, en el nivel del significado temporal. El fondo blanco y los colores variados implican los mensajes estéticos y culturales de más impacto, según la tradición del muralismo mexicano.

El color negro es lúgubre por naturaleza, mortuorio, reflejo de un tiempo oscuro, destructivo y decadente, marcado por grandes crisis sanitarias, económicas, políticas, sociales y culturales. Se ve esta decadencia en la ropa de la gente y el color de los carros, lo cual describe el espíritu actual de la época y la moralidad personal y colectiva. El negro es el color de la muerte, el poder, la codicia y cierta elegancia, según los expertos cromáticos.

Dentro del conjunto, la figura más problemática y absurda del mural en cuestión es la colocación contrastante de un monolito prehispánico (mito tradicional) al lado de un hermoso coche antiguo (mitificación polémica). En realidad, los vehículos automotores se han convertido en transportes necesarios, obsesiones excesivas y objetos de culto que han perturbado la vida moderna en las ciudades por la sobrepoblación en espacios limitados, el tráfico excesivo, el ruido exagerado, los usos ilegales y criminales y la terrible contaminación del aire.  

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