viernes, 31 de julio de 2026

MARGINACIÓN SOCIAL Y VISIÓN PESIMISTA EN “DESIERTOS TAN AMARGOS” DE IGNACIO PADILLA

MARGINACIÓN SOCIAL Y VISIÓN PESIMISTA EN “DESIERTOS TAN AMARGOS DE IGNACIO PADILLA

 

ÓSCAR ROBLES

 

En “Desiertos tan amargos”, Ignacio Padilla aborda el tema del desarraigo y el rechazo social de los inmigrantes mexicanos, mediante un personaje colectivo que sufre una aguda crisis existencial y un abierto choque cultural en una metrópoli norteamericana. La desolada metáfora espacial del título del cuento define en parte el extravío que viven tres mexicanos vestidos de pachucos dentro de una ciudad inmensa y monstruosa, bajo una densa visión pesimista y fatalista del mundo.

Un relator omnisciente narra las andanzas de los tres personajes inmigrantes y penetra en sus respectivos estados emocionales tan zozobrantes, melancólicos y depresivos. Ante todo, esa voz narrativa externa expresa el fatalismo que envuelve las vidas alcohólicas e itinerantes de tales mexicanos que vagan por el espacio urbano, yendo de bar en bar y de calle en calle.

En particular, esos tres hombres de origen mexicano deambulan por el popular Este de Los Ángeles, California, donde se asienta un buen número de pobladores de origen mexicano. Esos tres personajes anónimos, sin identidad cultural o nacional, se detienen a beber en los bares y padecen una espesa ansiedad y se sienten muy angustiados y marginados de la sociedad norteamericana. Sobre todo, presienten todos que la gran ciudad californiana se autodestruye paulatinamente.

La atmósfera pesimista está marcada por diversas expresiones negativas que envuelven las vidas de los tres mexicanos. Por ejemplo, el narrador impersonal apunta que ellos sufren “una tristeza paquidérmica”, que sus caras reflejan “la melancolía” y “el peso insostenible de una fatalidad secreta” y que su constante vagabundeo deja “un rastro de desolación” y muestra la “ruina espiritual” que comparten los tres amigos, todos investidos en sus “trajes de zoot suiters” (Padilla 137, 138).

Hacia el final de su largo recorrido, persiste la angustia existencial y la marginalidad de los tres mexicanos, desde la perspectiva social y la visión de mundo del narrador omnisciente. Esos protagonistas saben que son “portadores de muerte”, que los acecha la fatalidad y que caminan como sonámbulos y, sobre todo, sienten que los invade una maldición (Padilla 139).

La relegación de esos tres mexicanos, tal vez ejercida por la masa urbana angelina o autoimpuesta, adquiere altas dimensiones de hiperbolización de su pesaroso existir, bajo la densa y un tanto angustiada narración del relator impersonal. Esos tres mexicanos asumen que el mundo que viven “se negaba a funcionar con ellos a cuestas” y, sobre todo, se sienten “los putrefactos, los auténticos causantes de la ruina de la ciudad” de Los Ángeles, California (Padilla 139).

Bajo una estricta lectura del espacio físico-geográfico, Padilla plantea en su breve relato la influencia nociva y casi maligna que ejerce la gran metrópoli del opulento estado de California. Menciona objetivamente algunos lugares urbanos concretos por medio de la impersonal voz narrativa creada, tales como Brooklyn Avenue, Hollenbeck Park y Boyle Avenue. En particular, la colosal ciudad angelina les causa “un terror infinito” a los tres vagarosos personajes de origen mexicano (Padilla 137).

Asimismo, el relator en tercera persona salpica de expresiones emocionales negativas en torno a la conciencia de los tres personajes, quienes viven bajo el temor constante de que los agentes de inmigración revisen sus papeles que legitiman su estancia legal en el opulento estado de la Costa Oeste de los Estados Unidos.

Así pues, las significativas descripciones ambientales pintan una ciudad viva, pero desolada, aberrante, monstruosa y “desértica”. En particular, corre “el torrente flaco del río” por los espacios de Los Ángeles. Además, la colosal y extendida urbe posee “secretos demoledores”, por lo que los tres protagonistas anónimos temen o imaginan que “una máquina monstruosa y prehistórica” los va a destruir (Padilla 138).

A pesar de la gran fuerza perniciosa del ruinoso espacio urbano, el cuento “Desiertos tan amargos” culmina con la absurda e inexplicable culpa colectiva de los tres mexicanos zoot suiters. Curiosamente, la responsabilidad del deterioro emocional que causa la ciudad de Los Ángeles no recae en la masa urbana compuesta por personas de distintas clases sociales, razas, etnias, sexos, religiones y creencia. Tampoco la culpa surge de los miles de conductores de vehículos automotores, contaminantes y ruidosos.

El largo párrafo final constituye una hipérbole redonda para atribuir la culpa exclusiva a esos tres hombres itinerantes y depresivos. De ese modo, los tres mexicanos imaginan que “el peso de sus cuerpos desgastaba la piedra poco a poco” (Padilla 140). En tanto, la oración final del relato es contundente por su juicio culposo, hipersentimental y fatalista: Los protagonistas aceptan que la urbe metropolitana “se desmoronaba día tras día a sus espaldas”, “gracias a ellos y sus caricias” (140).

Finalmente, el relato termina con esa alta emocionalidad culpígena de los amigos mexicanos, bajo la perspectiva del narrador impersonal. Así, toda la narrativa del cuento se basa, finalmente, en la pesada angustia existencial y en la recalcitrante marginación social de los mexicanos en Los Ángeles. Se trata, pues, de una visión de mundo muy pesimista en torno a los inmigrantes o residentes de origen mexicano de dicha ciudad californiana.

Ignacio Fernando Padilla Suárez (1968-2016) nació en la Ciudad de México. Cursó estudios de comunicaciones y literatura en México, Sudáfrica, Escocia y España. Se desempeñó como profesor en la Universidad de las Américas de Puebla, México. Perteneció a la famosa Generación del Crack con Jorge Volpi, Pedro Ángel Palau, Eloy Urroz y Ricardo Chávez Castañeda.

Su obra narrativa comprende los volúmenes de cuentos Subterráneos (1989) y Trenes de humo bajoalfombra (1993) y las novelas La catedral de los ahogados (1995), Si volviesen Sus Majestades (1996), Amphitryon (2000) y La gruta del toscano (2007), entre otros textos de diversos géneros literarios.

Fue distinguido con los siguientes premios: Alfonso Reyes en 1989, Juan Rulfo en 1994 y Primavera en 2000, entre otras distinciones nacionales.

 

Obras citadas

Padilla, Ignacio. “Desiertos tan amargos”. Se habla español. Voces latinas en USA. Ed. Edmundo Paz Soldán y Alberto Fuguet. México: Alfaguara, 2000. 135-140.

 

 

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