MARGINACIÓN
SOCIAL Y VISIÓN PESIMISTA EN “DESIERTOS TAN AMARGOS”
DE IGNACIO PADILLA
ÓSCAR ROBLES
En “Desiertos tan amargos”, Ignacio
Padilla aborda el tema del desarraigo y el rechazo social de los inmigrantes
mexicanos, mediante un personaje colectivo que sufre una aguda crisis
existencial y un abierto choque cultural en una metrópoli norteamericana. La desolada
metáfora espacial del título del cuento define en parte el extravío que viven
tres mexicanos vestidos de pachucos dentro de una ciudad inmensa y monstruosa,
bajo una densa visión pesimista y fatalista del mundo.
Un relator omnisciente narra las
andanzas de los tres personajes inmigrantes y penetra en sus respectivos
estados emocionales tan zozobrantes, melancólicos y depresivos. Ante todo, esa
voz narrativa externa expresa el fatalismo que envuelve las vidas alcohólicas e
itinerantes de tales mexicanos que vagan por el espacio urbano, yendo de bar en
bar y de calle en calle.
En particular, esos tres hombres de
origen mexicano deambulan por el popular Este de Los Ángeles, California, donde
se asienta un buen número de pobladores de origen mexicano. Esos tres
personajes anónimos, sin identidad cultural o nacional, se detienen a beber en
los bares y padecen una espesa ansiedad y se sienten muy angustiados y marginados
de la sociedad norteamericana. Sobre todo, presienten todos que la gran ciudad
californiana se autodestruye paulatinamente.
La atmósfera pesimista está marcada
por diversas expresiones negativas que envuelven las vidas de los tres
mexicanos. Por ejemplo, el narrador impersonal apunta que ellos sufren “una
tristeza paquidérmica”, que sus caras reflejan “la melancolía” y “el peso
insostenible de una fatalidad secreta” y que su constante vagabundeo deja “un
rastro de desolación” y muestra la “ruina espiritual” que comparten los tres
amigos, todos investidos en sus “trajes de zoot suiters” (Padilla 137,
138).
Hacia el final de su largo recorrido,
persiste la angustia existencial y la marginalidad de los tres mexicanos, desde
la perspectiva social y la visión de mundo del narrador omnisciente. Esos
protagonistas saben que son “portadores de muerte”, que los acecha la fatalidad
y que caminan como sonámbulos y, sobre todo, sienten que los invade una maldición
(Padilla 139).
La relegación de esos tres mexicanos,
tal vez ejercida por la masa urbana angelina o autoimpuesta, adquiere altas dimensiones
de hiperbolización de su pesaroso existir, bajo la densa y un tanto angustiada narración
del relator impersonal. Esos tres mexicanos asumen que el mundo que viven “se
negaba a funcionar con ellos a cuestas” y, sobre todo, se sienten “los
putrefactos, los auténticos causantes de la ruina de la ciudad” de Los Ángeles,
California (Padilla 139).
Bajo una estricta lectura del espacio
físico-geográfico, Padilla plantea en su breve relato la influencia nociva y
casi maligna que ejerce la gran metrópoli del opulento estado de California. Menciona
objetivamente algunos lugares urbanos concretos por medio de la impersonal voz
narrativa creada, tales como Brooklyn Avenue, Hollenbeck Park y Boyle Avenue. En
particular, la colosal ciudad angelina les causa “un terror infinito” a los
tres vagarosos personajes de origen mexicano (Padilla 137).
Asimismo, el relator en tercera
persona salpica de expresiones emocionales negativas en torno a la conciencia
de los tres personajes, quienes viven bajo el temor constante de que los agentes
de inmigración revisen sus papeles que legitiman su estancia legal en el
opulento estado de la Costa Oeste de los Estados Unidos.
Así pues, las significativas descripciones
ambientales pintan una ciudad viva, pero desolada, aberrante, monstruosa y “desértica”.
En particular, corre “el torrente flaco del río” por los espacios de Los
Ángeles. Además, la colosal y extendida urbe posee “secretos demoledores”, por
lo que los tres protagonistas anónimos temen o imaginan que “una máquina
monstruosa y prehistórica” los va a destruir (Padilla 138).
A pesar de la gran fuerza perniciosa
del ruinoso espacio urbano, el cuento “Desiertos tan amargos” culmina con la absurda
e inexplicable culpa colectiva de los tres mexicanos zoot suiters. Curiosamente,
la responsabilidad del deterioro emocional que causa la ciudad de Los Ángeles no
recae en la masa urbana compuesta por personas de distintas clases sociales,
razas, etnias, sexos, religiones y creencia. Tampoco la culpa surge de los
miles de conductores de vehículos automotores, contaminantes y ruidosos.
El largo párrafo final constituye una
hipérbole redonda para atribuir la culpa exclusiva a esos tres hombres
itinerantes y depresivos. De ese modo, los tres mexicanos imaginan que “el peso
de sus cuerpos desgastaba la piedra poco a poco” (Padilla 140). En tanto, la oración
final del relato es contundente por su juicio culposo, hipersentimental y
fatalista: Los protagonistas aceptan que la urbe metropolitana “se desmoronaba día
tras día a sus espaldas”, “gracias a ellos y sus caricias” (140).
Finalmente, el relato termina con esa
alta emocionalidad culpígena de los amigos mexicanos, bajo la perspectiva del
narrador impersonal. Así, toda la narrativa del cuento se basa, finalmente, en la
pesada angustia existencial y en la recalcitrante marginación social de los
mexicanos en Los Ángeles. Se trata, pues, de una visión de mundo muy pesimista
en torno a los inmigrantes o residentes de origen mexicano de dicha ciudad
californiana.
Ignacio Fernando Padilla Suárez (1968-2016)
nació en la Ciudad de México. Cursó estudios de comunicaciones y literatura en
México, Sudáfrica, Escocia y España. Se desempeñó como profesor en la
Universidad de las Américas de Puebla, México. Perteneció a la famosa Generación
del Crack con Jorge Volpi, Pedro Ángel
Palau, Eloy Urroz y Ricardo Chávez Castañeda.
Su obra narrativa comprende los volúmenes
de cuentos Subterráneos (1989) y Trenes de humo bajoalfombra (1993)
y las novelas La catedral de los ahogados (1995), Si volviesen Sus
Majestades (1996), Amphitryon (2000) y La gruta del toscano
(2007), entre otros textos de diversos géneros literarios.
Fue distinguido con los siguientes
premios: Alfonso Reyes en 1989, Juan Rulfo en 1994 y Primavera
en 2000, entre otras distinciones nacionales.
Obras
citadas
Padilla, Ignacio. “Desiertos tan amargos”. Se habla
español. Voces latinas en USA. Ed. Edmundo Paz Soldán y Alberto Fuguet. México: Alfaguara,
2000. 135-140.
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