“ERRE” CON “ERRE” DE ERRAR
Carros
y perros.
¿Será la doble “erre” una coincidencia, un extraño azar
del destino manifestado en el lenguaje como un aviso?
¿Será esa coincidencia una ríspida y molesta presencia
en la vida del siglo XXI?
¿Acaso se explica la disonancia de las “erres” por la
errancia errónea de ambos, carros y perros, en las ciudades mexicanas modernas
por la voluntad férrea y errática de los ciudadanos?
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