INGOBERNABILIDAD MEXICANA CRÓNICA
Una buena parte de ciudadanos mexicanos han proyectado rebeldía e
ingobernabilidad durante el siglo XXI, un siglo que fue sacudido por la epidemia de la influenza H1N1, la pandemia
del COVID-19, dos recesiones económicas (2008, 2020) y la violencia de todo
tipo.
Posiblemente,
esos mexicanos no han experimentado suficiente contacto y ejercicio ciudadano
bajo líderes y comunidades civiles y más civilizadas. No han asimilado de
manera sólida las conductas de sus padres en las familias; no han aprendido suficientes
conocimientos científicos y humanísticos y comportamientos éticos de sus
maestros y profesores en al menos cuatro tipos de escuelas y niveles educativos;
y no han pertenecido a algún otro grupo civil, deportivo, religioso, político o
de otra naturaleza.
El
presente siglo se distingue por la tecnología digital, la abundancia de vehículos
automotores y por el impacto de la sociedad del espectáculo, todo lo cual ha
afectado la formación de infantes y muchachos adolescentes.
Históricamente,
las instituciones de la civilización occidental forman personas y ciudadanos.
Entonces, se necesita que la mayoría de los mexicanos tenga contacto con toda
esa clase de grupos e instituciones por un periodo sostenido de al menos veinte
o veinticinco años, durante su etapa de formación humana.
Varias
desviaciones a ese necesario proceso cultural y social han afectado a millones
de mexicanos durante el siglo XX: Excesivo paternalismo y sobreprotección,
vicios con sustancias toxicas, diversión descontrolada y excesiva, empleos
informales, caos urbano y renuencia o imposibilidad de culturizarse o educarse
en academias hasta el nivel universitario, entre otros fenómenos sociales.
Basta
revisar el porcentaje de educación terciaria o universitaria emitido por la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que coloca a México entre
el 20% (2014) al 30% (2024) de ciudadanos con titulación universitaria.
Sin duda, la desintegración familiar afecta seriamente
la formación ciudadana por el trabajo absorbente de los progenitores, el abuso doméstico
y el divorcio, pero también la ausencia de niños y jóvenes de cuatro clases de planteles
educativos (primaria, secundaria, preparatoria y universidad) durante un
periodo de veinte años o más.
La educación socializa a los mexicanos, les
proporciona valores éticos y civilidad y fortalece la identidad nacional y el
sentido de pertenencia a una comunidad.
Por esta
carencia de educación académica a largo plazo, ha emergido la ingobernabilidad
mexicana, que ya se ha vuelto crónica.
Hay que
invertir en educación formal y no en excesivos productos y servicios que
invaden el mercado capitalista.
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