miércoles, 8 de abril de 2026

INGOBERNABILIDAD MEXICANA CRÓNICA

 INGOBERNABILIDAD MEXICANA CRÓNICA

 

       Una buena parte de ciudadanos mexicanos han proyectado rebeldía e ingobernabilidad durante el siglo XXI, un siglo que fue sacudido por la epidemia de la influenza H1N1, la pandemia del COVID-19, dos recesiones económicas (2008, 2020) y la violencia de todo tipo.

  Posiblemente, esos mexicanos no han experimentado suficiente contacto y ejercicio ciudadano bajo líderes y comunidades civiles y más civilizadas. No han asimilado de manera sólida las conductas de sus padres en las familias; no han aprendido suficientes conocimientos científicos y humanísticos y comportamientos éticos de sus maestros y profesores en al menos cuatro tipos de escuelas y niveles educativos; y no han pertenecido a algún otro grupo civil, deportivo, religioso, político o de otra naturaleza.

     El presente siglo se distingue por la tecnología digital, la abundancia de vehículos automotores y por el impacto de la sociedad del espectáculo, todo lo cual ha afectado la formación de infantes y muchachos adolescentes.

   Históricamente, las instituciones de la civilización occidental forman personas y ciudadanos. Entonces, se necesita que la mayoría de los mexicanos tenga contacto con toda esa clase de grupos e instituciones por un periodo sostenido de al menos veinte o veinticinco años, durante su etapa de formación humana.

    Varias desviaciones a ese necesario proceso cultural y social han afectado a millones de mexicanos durante el siglo XX: Excesivo paternalismo y sobreprotección, vicios con sustancias toxicas, diversión descontrolada y excesiva, empleos informales, caos urbano y renuencia o imposibilidad de culturizarse o educarse en academias hasta el nivel universitario, entre otros fenómenos sociales.

  Basta revisar el porcentaje de educación terciaria o universitaria emitido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que coloca a México entre el 20% (2014) al 30% (2024) de ciudadanos con titulación universitaria.

Sin duda, la desintegración familiar afecta seriamente la formación ciudadana por el trabajo absorbente de los progenitores, el abuso doméstico y el divorcio, pero también la ausencia de niños y jóvenes de cuatro clases de planteles educativos (primaria, secundaria, preparatoria y universidad) durante un periodo de veinte años o más.

     La educación socializa a los mexicanos, les proporciona valores éticos y civilidad y fortalece la identidad nacional y el sentido de pertenencia a una comunidad.

      Por esta carencia de educación académica a largo plazo, ha emergido la ingobernabilidad mexicana, que ya se ha vuelto crónica.

       Hay que invertir en educación formal y no en excesivos productos y servicios que invaden el mercado capitalista.

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