DISTRIBUIDORES VIALES Y COLESTEROL
Puentes, distribuidores viales y gazas son obras públicas
costosas que alivian parcialmente el mal en una ciudad, pero no lo curan. Sólo
reparan los serios daños causados por el tráfico excesivo, el ruido extremo y el
tóxico esmog en una zona pequeña de la urbe.
En realidad,
las ciudades y sus “arterias” tiene abundante y nocivo “colesterol” (seria acumulación
de máquinas automotoras) por la constante inmigración y sobrepoblación de gente
y carros, camionetas, autobuses y camiones de carga.
Las tres
mencionadas obras de infraestructura urbana sólo remueven esa “grasa” acumulada
por años, que luego se expande y “taponea” otras calles y avenidas. Entonces, se
vuelve a gastar mucho dinero para erigir tal clase de obras urbanas.
Urge
mejorar e incrementar los parques y la cantidad de árboles y las instituciones
y edificios de salud, seguridad pública, educación, cultura y centros
comunitarios.
El “colesterol”
de las máquinas nunca se va a “curar” en las ciudades medianas y grandes.
Se necesitan
soluciones estructurales y no “remiendos”. La centralización de inversiones económicas
(“gula”) en pocas ciudades genera la sobrepoblación de vehículos automotores en
espacios reducidos para la circulación de esas máquinas de hidrocarburos.
El “cuerpo”
de la ciudad de Chihuahua tiene “colesterol” acumulado en todas partes: Es el áspero
ruido, la circulación acumulada, la frecuente violación de las leyes de
vialidad y el dañino esmog de carros, trocas, camionetas, camiones y tráileres.
Se requieren, pues, cuatro o cinco líneas de
transporte público moderno y, por supuesto, una necesaria descentralización de
inversiones dinerarias y construcción de infraestructura urbana.
El “colesterol” de las máquinas y su densa presencia
de metal afectan la salud personal y pública de las urbes. El aire contaminado
es “el asesino silencioso” de las ciudades latinoamericanas y produce cáncer.
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