HUMANISMO VITAL DE CIUDAD
Amigo ciudadano:
La temporada
de calor (marzo-octubre) incita a tomar el carro o camioneta para ir a los
centros comerciales, restaurantes, bares y cafés a convivir con la gente: Su
gente.
No lo haga más, porque son excesivos el trafico de vehículos,
el ruido y, sobre todo, el esmog, los cuales afectan seriamente la vida sana de
la ciudad y dañan los pulmones, los oídos, el corazón y el cerebro.
Tampoco
vaya al trabajo o a la escuela todos los días de la semana trepado en su “carruaje”
moderno de clasemediero aburguesado. Mejor tome el camion urbano o su bicicleta
y acuda a sus labores cotidianas uno o dos días a la semana.
Aconseje a sus hijos que asistan a la escuela en autobús
urbano dos o tres veces a la semana. De esa manera, se van a socializar periódicamente
y reconocerán con respeto a sus semejantes y conciudadanos.
Sea comunal y civil y conviva con los habitantes
reales de su urbe en esos transportes colectivos.
No
salga instintiva y maquinalmente en su corcel de hierro y acero a las calles y
avenidas tan desgastadas de pavimento. Revitalice su contacto con la naturaleza
y forme redes vecinales en su barrio, colonia o fraccionamiento, para convivir
y pedir servicios públicos al gobierno municipal en turno y de cualquier
partido político: Un nuevo parque, unas canchas deportivas y un mejor centro
comunitario con talleres artísticos, clases de tecnología, un doctor y una enfermera,
dispensario médico, psicoterapeutas familiares, una biblioteca y clubes
deportivos.
Ya no
se necesitan tantas licorerías de barrio.
Acondicione
su hogar con abundantes árboles, plantas y macetas adentro de las habitaciones,
en el patio y el jardín y disfrute de la lectura de un buen libro, una taza de café,
un juego de mesa (Lotería Mexicana, Serpientes y Escaleras, el Turista Mundial).
La música sonora en casa perturba a los vecinos, pero puede usar audífonos.
Fortalezca
el mercado de su colonia y compre productos y servicios en los pequeños comercios,
farmacias, ferreterías, carpinterías y otra clase de negocios ubicados a pocas
cuadras de su vivienda; camine con sus bolsas; entable diálogos amables con los
vecinos; integre comités de padres de familia, grupos laborales y religiosos y
deportivos y asociaciones de militantes de partidos políticos.
Una sociedad
desorganizada es una sociedad muerta, que puede ser víctima de los gobiernos
autoritarios e irresponsables.
Viva
otra vida más humana y natural: Desmaquinísese y deje de ser esclavo del carro,
el celular, Internet, la televisión…Verá como pronto vuelve la salud con la
vida de antes, más sencilla y tradicional.
Aire más
puro, suelo más limpio y sonidos más armónicos restablecerán su paz interna; así
se reactivará su espíritu muerto por los placeres del cuerpo: El consumismo, la
excesiva diversión, la gula devoradora, el maquinismo y el vicio con sustancias
tóxicas.
Estimule
la educación académica y la cultura profunda (científica y humanística) en su comunidad.
Sobre
todo, entérese de las anomalías de su ciudad: Casos de cáncer, muertes por
ataques cardiaco, porcentaje de obesidad, número de crímenes, niveles de
violencia, fallecimientos por accidentes viales, suicidios, vicios y otros índices
que lo ayudarán a comprender por qué su ciudad es caótica, inhumana, enfermiza,
neurótica, depresiva y sumamente tóxica.
De ser
posible, forme con sus vecinos, amigos y parientes nuevas y sencillas instituciones
de civilización: Una botica comunitaria, un club deportivo, un grupo religioso,
una agrupación artística…
Deje el
carro y no sea usted otro “mecánico carro”. Deje el celular y no sea un ser
pasivo y hablantín. Deje la televisión y el cable y no sea un mero costal de
patatas. Deje la licorería y no sea un esclavo del alcohol.
Las
verdaderas naciones progresistas se construyen desde abajo por las costumbres
creativas, positivas y productivas de su sociedad activa y emprendedora.
Deje a
los políticos demagógicos, verborreicos, agresivos y discutidores de las redes
sociales y medios de comunicación masiva. El manejo correcto de los
presupuestos de gobierno y la ejecución concreta de obras públicas son los que pueden
cambiar parcialmente a un país: Un centro laboral, una escuela, una clínica, un
centro comunitario, un parque, una cancha deportiva...
Ya los distribuidores viales y puentes rayan en el dispendio
de dinero y la promoción del “vicio del carro” con sus contaminaciones de aire
y ruido y tráfico vehicular excesivo.
Lo que se necesitan son camiones urbanos modernos y
bien acondicionados con rutas dirigidas y choferes profesionales y boletos a
bajo precio.
Amigo
ciudadano: Simplemente sea más humano y civil y ame la naturaleza.
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