FILME DE CIENCIA FICCIÓN
Es increíble que más de 600 mil “carros robot”, que no
tienen cerebro, controlen la vida de más de un millón doscientas mil personas; que
contaminen el aire con sus densos gases tóxicos; perturben los oídos humanos
con los ruidos de la supuesta tecnología moderna; saturen las arterias
citadinas y detonen la alta tensión nerviosa; deterioren el presupuesto económico
de personas y familias; causen onerosos gastos médicos excesivos para combatir
la obesidad, la diabetes, las afecciones cardiacas y la hipertensión arterial;
provoquen grandes erogaciones económicas por infracciones, seguros de auto y
accidentes viales; promuevan el alcoholismo, las cantinas ambulantes y la
violencia salvaje automotora; sirvan para cometer atroces crímenes variados;
propicien la fijación de costosos aranceles comerciales impuestos por los
Estados Unidos. . .
¿Cómo respirar el aire limpio y oír sonidos dulces, convivir
más humanamente con los ciudadanos y gozar los espacios urbanos con abundantes árboles,
zoológicos y acuarios?
¿Cómo volver a habitar en una tranquila y civil ciudad
provinciana dotada de bienestar social y ambiental?
Una buena bicicleta y una simple tarifa diaria de 6 a
12 pesos en los camiones urbanos podrían cambiar el rumbo de una ciudad enferma
de codicia, arrogancia y “workaholismo”.
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