MOTORIZACIÓN EXCESIVA Y ORGULLO METROPOLITANO EN LA CIUDAD DE CHIHUAHUA
Chihuahua es una ciudad próspera y moderna, con muchos
negocios de comercio, industria y servicios principalmente. Circulan por sus
calles, avenidas y carreteras alrededor de 700 mil vehículos automotores, según
cifra extraoficial.
Esta peculiar y anómala situación se complica y
contamina el aire en demasía con gases tóxicos cuando cruzan por la capital del
Estado Grande miles de carros, camionetas, camiones de carga y autobuses
provenientes de otras poblaciones, estados y países.
Entonces, el aire explota con venenoso esmog y forma
nubes plomizas y marrones en el horizonte algunas veces. Vienen tormentas densas
de químicos nocivos para la salud humana.
Vienen vehículos de otras latitudes, porque Chihuahua
capital cuenta con la internacional Carretera Panamericana y otras vías de comunicación
y transporte. Conecta al norte con Ciudad Juárez y los Estados Unidos; al sur con
Ciudad Delicias y otras urbes del sur del estado, otros estados mexicanos y
otras naciones latinoamericanas del sur del Nuevo Continente; al oeste con Ciudad
Cuauhtémoc y otras poblaciones de las Sierra Tarahumara y del estado de Sonora;
al este con Ciudad Aldama y otras localidades del estado de Chihuahua y los
Estados Unidos.
Como se ve, la vida urbana domina en el siglo XXI y las ciudades medianas y grandes tienen abundantes vehículos automotores de hidrocarburos. Los llamados “carros” se multiplican en México, los Estados Unidos y America, entonces las “bombas” de tráfico, ruido y esmog “explotan” con más frecuencia, cada día, semana y mes. Llegará un tiempo en que el aire será irrespirable.
Ahora, el mítico esmog es “el asesino silencioso” de
las ciudades latinoamericanas y de otras regiones del orbe, como sostienen los
ambientalistas del Continente Joven. El omnipresente y casi invisible esmog causa
serios problemas respiratorios, daña tejidos y células y puede causar cáncer.
Descentralizar inversiones monetarias en negocios e
infraestructura deber ser la siguiente fase de la expansión capitalista del
siglo XXI. Es la solución de fondo al problema de los numerosos “carros” de
hidrocarburos. Empresarios y gobiernos deben invertir en otras poblaciones mas pequeñas.
Otra solución es que los propios ciudadanos emigren a zonas de aire más limpio,
ciudades pequeñas, pueblos, villas y rancherías.
Las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey, por
ejemplo, son casos de urbes con problemas serios causados por la explosión de
usuarios de vehículos automotores individualizados y colectivos. Esas
poblaciones metropolitanas han sido expandidas por la codicia y la ineficiencia
administrativas de sucesivos gobiernos que actúan en connivencia con los
opulentos empresarios.
En 2007, el ayuntamiento de Chihuahua había reportado
a los medios de comunicación masiva que ya se había rebasado el límite
permitido de vehículos motorizados para la superficie total de arterias dentro
de la capital de Chihuahua.
En la presente tercera década del siglo XXI, el
gobierno estatal informó oficialmente a los periódicos que había más de 6 mil
casas abandonadas dentro de la ciudad de Chihuahua, entre 8 mil totales que cubrían
toda la entidad norteña. Parece que la gente está emigrando a otras poblaciones
por ese dato sorprendente, desde hace diez años o más.
Más “carros”, más desastre ambiental y más enfermedades: Hipertensión arterial, problemas cardiacos, obesidad, cáncer, estrés, angustia crónica, insomnio, neurosis, demencia… Influenza H1 N1, Covid-19…
Chihuahua ocupa los primeros lugares por muertes por ataque cardiaco y tiene cientos de casos de cáncer, entre infantes y adultos.
Seguir la carretera del falso orgullo metropolitano, a
imitación de las grandes ciudades europeas y norteamericanas, es un error de planeación
y proyección del desarrollo económico, sin bienestar social y ambiental.
Ciudad Juárez y Chihuahua siguen esa absurda carrera
de vanidad metropolitana y poder patrimonial urbano, desde hace más de treinta años
de globalización económica: Es la nueva locura del nuevo centralismo emergente
en la otrora tranquila provincia mexicana.
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