“ENGENTARSE”
Confieso que me gusta la gente, platicar con ellas y
ellos, conocer sus vivencias, buenas o malas, personas de cualquier edad, sexo,
raza, etnia, nacionalidad, religión o creencia.
Nunca
me engenten las ciudades en que viví o que visité. En cambio, otros si se “engentaban”
en el pasado o se “engentan” ahora con tantos habitantes en las ciudades
mexicanas modernas.
“Engentarse”:
Saturarse de tanta gente alrededor; alterarse, ponerse nervioso, cansarse de
todos ellos y ellas.
En
estos tiempos “posneoliberales” y “poscapitalistas”, yo más bien vivo “encarrado”
en cada calle, avenida o colonia de la ciudad de Chihuahua y de cualquier urbe
que visito. Circulan aquí alrededor de 660 mil vehículos automotores.
Los carros (autos), camionetas (trocas), camiones,
autobuses y tráileres, son las causas de varios males urbanos del siglo XXI:
Ruidos ásperos, tráficos excesivos, ilegalidades, violaciones a las leyes de
vialidad, accidentes automovilísticos, terror, crimen, vicios con sustancias tóxicas,
enajenaciones (consumistas, “diversionistas”, arrogancias, machismo),
enfermedades crónicas y malignas…
La gente, su contacto físico, emocional e intelectual,
es lo que hace la vida feliz y no las máquinas, que provocan soledad, aislamiento,
vanidad, estrés, ansiedad, depresión, pobreza dineraria y dependencia excesiva,
casi tóxica.
Soy humanista, caminador, observador de la vida
moderna, amante de la naturaleza.
Nunca me “engento”. Pero los seres humanos ya se han vuelto
máquinas, zombis, animales urbanos, arriba de los carros y a pie.